
Montería, 249 años… y todavía nos faltan muchas verdades

Montería cumplió 249 años. Y sí, hay cosas para celebrar. Pero quiero hacer algo distinto: pedirte perdón. Perdón por acostumbrarnos al desorden como si fuera normal. Perdón por ver cómo nuestros jóvenes se van y quedarnos callados. Perdón porque mucha gente trabaja todo el día y aun así no avanza. Perdón por aceptar que sin "palanca" es más difícil salir adelante.
Perdón por mirar para otro lado mientras la informalidad crece porque no hay más opciones. Perdón por permitir que haya familias enteras sobreviviendo, no viviendo. Perdón por normalizar la falta de oportunidades reales. Perdón por creer que con pavimento ya cumplimos. Perdón por aplaudir anuncios mientras en la casa hay angustia. Y perdón por hacer como si todo estuviera bien cuando sabemos que no es así. Y me incluyo, porque esto no es de uno solo, es de todos como ciudad. Pero también creo algo: Montería puede ser mucho más. Tiene gente berraca, talento y ganas. Lo que no puede es seguir igual. Y para cambiar, hay que empezar por decir lo que casi nadie dice. Hay verdades incómodas. Que no hay trabajo estable para la mayoría y que muchos viven del día a día. Que si no tienes contactos, avanzar se vuelve cuesta arriba. Que la economía real de la ciudad no está en las cifras bonitas, sino en ese 70% que nadie cuenta. Que la informalidad no es el problema, es la consecuencia de un sistema que no da opciones. Que hablar de turismo como salvación es exagerar cuando la ciudad ni siquiera está organizada para sostenerlo. Que aquí el visitante llega, mira y se va el mismo día. Que sin meterle de verdad al campo y a lo que producimos, no hay crecimiento que aguante. Que pavimentar es lo mínimo, no es transformar la vida de nadie. Que lo que no da aplausos —como la salud mental de los jóvenes o su primera oportunidad— es lo que más necesitamos. Que las prioridades están al revés. También hay que decir que la luz está ahogando a muchas familias, y aunque no todo dependa de lo local, sí hay decisiones que pueden aliviar esa carga. Que el desorden en las calles no es casualidad, es falta de rumbo. Que el transporte está atrasado y que la ciudad crece sin organización. Que muchos negocios abren con ilusión y cierran en silencio porque no aguantan. Que hay talento de sobra, pero pocas puertas abiertas. Yo no estoy aquí porque no tenga qué hacer. Trabajo, me rebusco, pago lo mismo que paga cualquier familia en Montería. Estoy aquí porque me duele esta ciudad. Porque creo en su gente. Pero creo más en que ya está bueno de tanto maquillaje. Estos 249 años no pueden ser solo celebración. Tienen que ser un punto de quiebre. Por eso vamos a empezar a decir las verdades que incomodan, las que muchos sienten pero pocos hablan. No por criticar, sino porque es la única forma de mejorar.