
Montaner y el Chivo

La novela "La fiesta del Chivo" de Vargas Llosa, y su impacto, son el eje central. La obra expone la dictadura de Trujillo y sirve como espejo de autoritarismos.
Por Álvaro Bustos González Hace varios años, cuando se publicó La fiesta del Chivo, Carlos Alberto Montaner refirió una anécdota sobre la reacción de Gabriel García Márquez cuando terminó de leer la novela de su antiguo amigo Mario Vargas Llosa: "Esto no se le hace a un viejo como yo". En efecto, por aquellos días un influyente diario londinense se había atrevido a propalar la versión de que La fiesta del Chivo es la mejor novela latinoamericana del siglo XX, sin desconocer, desde luego, entre las obras seleccionadas, la trascendencia y perennidad de Cien años de soledad, cuya grandeza literaria nadie sería capaz de desconocer. La vida de Rafael Leónidas Trujillo, el dictador dominicano, su mente arbitraria y criminal, y la obsecuencia de sus aduladores, quienes de manera abyecta le ofrecían sus mujeres para el disfrute megalomaníaco del sátiro, quedó plasmada en esa obra que, ante la paulatina salmodia de los totalitarismos populistas que vienen resurgiendo en América Latina, servirá para identificar los entresijos de esa modalidad antidemocrática de ejercer el mando, con las consecuencias irreversibles, por generaciones, que tienen esas aberraciones del poder, afincadas en el miedo y la pérdida absoluta de la libertad, que es la pérdida absoluta de la dignidad. La miseria humana no merece más aditamentos que su propia naturaleza vulnerable y mortal: adicionarle la sumisión miedosa o interesada hace más indigna nuestra condición, y nos convierte en marionetas de las perversiones del poder. Lo único rescatable que tiene el hombre es su libertad, es decir su moralidad, y por eso su entrega al yugo del poder absoluto, con todas sus maquinaciones y corruptelas, lo convierte en un ente despreciable, digno de lástima y vergüenza. Mucho valor tuvieron quienes armaron la trama para matar al tirano. Si bien pagaron su osadía con su propia vida, dieron ejemplo de entereza y sacrificio. Ahí está, en una avenida de Santo Domingo, frente al mar, el homenaje escultórico que la posteridad le rinde a los jóvenes que hicieron posible el desalojo de la ignominia. Lamento el sufrimiento novelado de Urania Cabral, símbolo de las tropelías del Chivo y su machismo atrabiliario, y rememoro con gratitud la carrera periodística de Carlos Alberto Montaner, recientemente fallecido por una inusual y agresiva enfermedad neurológica, quien desde el exilio luchó con la palabra por la liberación de su Cuba natal, como ahora lo hace Sergio Ramírez con su desdichada Nicaragua. Decano FCS, Unisinú -EBZ-.