
Monstruos

Colombia enfrenta una escalada de abusos y asesinatos infantiles. Casos recientes revelan una sociedad enferma, con monstruos que atacan a los más vulnerables.
Por Arianna Córdoba Díaz Los monstruos saltaron de las pantallas, los libros y la tradición oral a la vida real y hoy aterrorizan -a los niños especialmente- no con horripilantes apariencias sino, tras la fachada de inofensivos tíos, abuelos, vecinos, amigos y hasta padres. Colombia por estos días se ha visto plagada de monstruos que abusan sexualmente de inocentes niños -incluso bebés- los torturan, traumatizan, los someten a todo tipo de inimaginables vejámenes y les arrancan hasta el último suspiro de vida. Indignación, asombro y mucho dolor han causado entre la gran mayoría de colombianos los reportes de los últimos días en los que los menores han sido víctimas de estos espantosos hechos: un niñito de apenas dos años agredido sexualmente y asesinado presuntamente por su tío político en Cundinamarca, la pequeña Sofía Delgado, de 12 años, que fue secuestrada y asesinada por un degenerado (no hallo otro calificativo) en el Valle del Cauca; la menor de 7 años a quienes presuntamente su abuela y la pareja de esta torturaban en el Atlántico y el caso de dos hermanitos de 7 y 4 años asesinados supuestamente por su propio padre a principios de esta semana en Bogotá. Y esos casos solo han sido algunos de los más mediáticos, pero vienen siendo la punta del iceberg de una reprochable problemática que está presente en nuestra sociedad, que se evidencia también, por ejemplo, con los también sonados hechos de turismo sexual con menores que tiene como epicentro grandes capitales de Colombia. ¿Qué se está haciendo en Colombia al respecto? Pues digan lo que digan, nunca será suficiente lo que se haga para garantizar los derechos de los menores o protegerlos. Ante este panorama nos proyectamos como una sociedad enferma, podrida, aún más cuando se supo de un artículo propuesto en la nueva reforma a la justicia que daría beneficios a violadores y asesinos de niños. ¡Hágame el favor! Afortunadamente, 120 congresistas firmaron una proposición para eliminar esta aberración. Lo que debería buscarse es, por el contrario, endurecer cada vez más las penas para estos depravados y dedicar los recursos que fueran necesarios para prevenir y contrarrestar estos hechos en los que los niños son las víctimas. Pero mientras eso pasa, estamos en manos de Dios para que escuche nuestras plegarias y estos lamentables hechos dejen de suceder y estos monstruos desaparezcan del cielo y la tierra.