
Mis primeros cincuenta años

El autor celebra su medio siglo de vida con gratitud, reflexionando sobre genética, cultura y el destino humano. Desde Cartagena, comparte su visión de la vida y el arte.
Por Ensuncho De La Bárcena El próximo lunes cumpliré medio siglo de vida, es decir, arribo a mi Edad de Oro. Lo primero que experimento al pensarlo es una profunda sensación de agradecimiento. En un principio con el Creador del Universo, nuestro Padre Celestial, por la oportunidad que me dio a través de Don Ramiro Antonio y Doña Nohorys Sofía. Además, gratitud infinita con mis nobles padres por dar el sí al cuarto de sus cinco hijos y proveernos una familia donde el alimento sustentó nuestra salud y la educación cimentó nuestro amor. A menudo suelo comentar entre mis amigos que hay dos asuntos que configuran el destino de una vida humana: la genética y la cultura. Y ambos son igual de importantes, porque son los instrumentos que nos ayudan a construir nuestro cuerpo y nuestra alma. Nuestros genes nos brindan la información que necesitamos para vivir como animales, es decir, como mamíferos que hacemos parte de esta alucinante sucesión de prodigios a la que llamamos Naturaleza. Todos nuestros antepasados forman parte del fandango de nuestras vidas. Están en nuestras venas, bailando sin parar, girando en el sentido contrario a las manecillas del reloj. De nuestras ideas y creencias depende si ese baile transcurre en armonía gozosa o en dolorosa tragedia. Yo creo que accedemos a nuestra información genética gracias a la intuición, la sensibilidad y, por supuesto, al viaje. La mayoría de las veces lo hacemos desde una perspectiva mítica, no siempre desde las verdades científicas. Por otro lado, creo que nuestro entorno cultural es un continuo transitar por el jardín de los senderos que se bifurcan. Nos brinda los frutos para ser felices y libres de escudriñar los exquisitos misterios del Universo o nos condena a la ignorancia y a la esclavitud. El primero de los senderos está lleno de árboles, música, flores, libros, amigos, películas, viajes, teatro, pinturas, fotografías, esculturas, danza y vida. El segundo está infestado de miedo, prejuicios, revoluciones, enfermedad, complejos, desesperanza, frustraciones, violencia, rencores, crimen, enemigos y muerte. Uno el cosmos. El otro, caos. Uno el amor. El otro, odio. Uno la risa. El otro, olvido. De nuestros pasos depende. Escribo esto desde Cartagena del Caribe, ciudad parida desde la Belleza. Hija de Eros con Atenea. De Clío con Dioniso. De Apolo con Afrodita. Desde este balcón de Getsemaní, rodeado de ángeles, el mundo es verde y tiene plumas de inefable color. Y desde aquí les digo que la vida es más vida cuando uno tiene amigos, amor, poesía y vino. Cuando uno está convencido de que el Arte es más importante que la política y la economía. Gracias. Amén.