
Mis lectores perfilados

Una mirada a los lectores fieles de la columnista. Desde académicos hasta emprendedores, pasando por familiares y editores, comparten y comentan sus escritos, mostrando diversidad y conexión.
Por Arianna Córdoba Díaz La doctora Magaly Cogollo de Pérez siempre los lee. Le llaman la atención de manera especial cuando hago referencia al idioma o al lenguaje, como el artículo sobre la idea de Francia Márquez de impulsar en Colombia el aprendizaje del suajili. Cuando no le gusta algo, me lo dice al instante, y cuando le gusta, también. Es fiel lectora de El Meridiano, adicta a los crucigramas de este. Camilo Oviedo, joven emprendedor monteriano, deja ver su enamoramiento por la tierra cordobesa y siempre se le ve feliz produciendo para su negocio "Milo Accesorios"; publica en su estado de WhatsApp las columnas que le llaman la atención. Don David Lacouture Méndez, a la salida de la misa dominical, en breve charla me dijo que leía mis escritos cada semana. Yo lo sospechaba porque su esposa, en alguna ocasión, me dijo que él le había sugerido que leyera lo que escribí sobre "La prueba del cielo". El profesor Carlos Martínez, "Skinnerólogo" empedernido de esos de la vieja guardia que disfrutan del periódico impreso, me dijo, más palabras menos, que ya me estaba poniendo monotemática escribiendo frecuentemente sobre los desaciertos de Petro, pero que igual él me leía. Fiorela Quijano y Jhonier Medrano, dos de mis estudiantes, manifestaron que me leían y que el artículo "Bésame, bésame mucho" había estado muy "heavy" (fuerte). No sé si eso es bueno o malo. Ah, y pidieron que si los podía nombrar en una columna. Bueno, señoritos, sus deseos son órdenes. Yanela Martínez Flórez, desde San Marcos, Sucre, también de vez en cuando comparte estos escritos, especialmente cuando se refieren a inclusión. Mi prima Claudia Tamayo, en Medellín, cada viernes me manda un mensaje muy temprano pidiendo que le mande una foto del artículo y lo comparte en el grupo familiar, donde no sé si lo leen los primos y tíos, pero ahí está. El profesor Arney Vega me escribe por WhatsApp cuándo algún escrito le llama la atención y con todo su pergamino académico me expresa su punto de vista al respecto. Amplias reflexiones. Diana Montoya Alzate, desde Medellín, me hace frecuentes comentarios a los escritos; casi siempre comparte mi criterio. A Lucía Cabrales Garrido, en algún momento le escribí para agradecerle sacar tiempo de cuidar a su pequeño niño para publicar uno de mis artículos en su cuenta de Instagram. Mi esposo, Jorge Escobar Avilés, los lee, yo lo sé, pero porque lo veo pegado al periódico en la página editorial los viernes. Carlos Arrieta Del Castillo, quien siempre anda por el carril de la derecha a bordo de su bicicleta, desde Barranquilla los lee y uno que otro comparte. Los doctores Álvaro Bustos González y Rafael Hernández Mestra, de los más veteranos columnistas de El Meridiano, en algunas ocasiones me escriben y comentan algo de lo que he escrito. Orlando Benítez Quintero también los lee porque le toca; casi siempre le mando a él los escritos para que les eche una miradita, los edite, antes de mandarlos. Henry Velasco Montoya los comparte en X (antiguo Twitter), y Diana Estrella Castilla, así como Nidia Serrano, también a veces hacen de "editoras invitadas" y les dan el visto bueno antes de mandarlos a la implacable señora Liliana Castilla, la editorialista de El Meridiano, y a Carlos López Pastrana, de RioNoticias, donde también los publican. Sí, ese es el puñado de fieles lectores, algunos como Orlando Benítez Quintero y Diana Estrella Castilla, casi que obligados, con los que cuento semanalmente. Como ven, en este grupo no hay más de 20 personas; quizás no se conocen entre sí, y cada uno hace parte de un grupo etario distinto; sus intereses, ideología y realidad son diferentes, incluso sus lugares de residencia, pero algo les llama la atención de lo que expreso en estas líneas. Sé que son más de 20 los que me leen, pero los "fieles-fieles" son los nombrados. A ellos y a todos los que se toman el tiempo para hacerlo, hay que agradecerles porque uno escribe no para congraciarse con alguien, ni para ganar seguidores; uno escribe porque le nace y para que las palabras no se aprisionen en la mente y la garganta, gracias lectores, porque le roban unos instantes a su cotidianidad para compartir conmigo. Ufff, es lo máximo. Y perdonen, fieles lectores, por "perfilarlos".