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Opinión

Millonarios por erario

Lucia Teresa Solano Berrío
Lucia Teresa Solano Berrío
Columnista
23 de marzo de 2026

¿Cuántos millonarios hay en Colombia y en qué sustentan la riqueza? La pregunta surge porque casi todos ellos son jóvenes. Algunos trabajan con honradez hace varios años, van juntando dinero atendiendo sus negocios de sol a sombra y se preparan para proteger el patrimonio familiar. Muchos escogen el camino más difícil, que es el de hacer empresa. Así se ha forjado gran parte de la industria, el comercio, se han fortalecido importantes firmas de ingeniería, se incrementaron las exportaciones y las importaciones.

Hoy, guste o no, hay una nueva y creciente clase social en Colombia. Comenzó a perfilarse en tiempos del narcotráfico y se fue consolidando al trasladar sus intereses a la contratación financiada con recursos públicos. Desplazaron poco a poco al empresariado tradicional y asfixiaron iniciativas que merecían mejor suerte. Esa nueva clase gasta a manos llenas, compite por hacer inolvidables fiestas, le encanta Dubái, ama los carros, los relojes y la ropa de marca, así no armonicen figura y talla y luzcan como tamal mal envuelto. Esta nueva clase social sale a flote gracias a una extensa red de amigos que ocupan cargos en la administración pública y les suministran información privilegiada de los negocios del Estado. Otros van tejiendo una especie de pirámide en la que los aliados ayudan a que ganen contratos, entrar a las concesiones, acercarse a los que deciden. No hay pierde. La relación de amigos, socios o alter ego deja jugosos rendimientos y excelentes oportunidades. Esto cuando el objetivo se cumple y las comunidades se benefician, porque hay otras verdades. Este entramado ha dejado a miles de familias sin casas de interés social, a compradores de casas o apartamentos en el sucio pavimento, a poblados sin agua potable, a regiones sin vías para sacar los productos. Han permitido que a los estudiantes de instituciones públicas los "alimenten" con lactosuero y a los pacientes les mantengan entretenidos de examen en examen, sin un diagnóstico serio. Juntos, se hacen con miles de millones o a uno o dos billones porque hoy, como están las cosas, solo pobres diablos roban millones. La gente dotada, billones. Y con ese poder que da la plata que no se devuelve a las arcas del Estado, los nuevos ricos contratan abogados, osados como ellos, que facilitan acuerdos de colaboración con la justicia y, asunto arreglado: un puñado de millones y, ahí sí, como Francia Márquez, a vivir sabroso. Esa nueva clase social lava el dinero sustraído a la salud, las obras públicas, la educación, las regalías, los fondos de riesgos y desastres, petróleo e hidrocarburos, licencias ambientales, dispensación de medicamentos, extracción de metales, construcción de edificios, urbanizaciones, villas o apartamentos en playas, fincas ganaderas, yates, acciones en clubes y a codearse con los ricos de nacencia o herencia porque eso les da toque de distinción. Ah… Abusan del bisturí. Se quitan y se ponen, como la pirinola. Al fin de cuentas, a los millonarios por erario, la plata de las excentricidades les cae del cielo.