
Merengue celestial

El merengue, ritmo clave en los 80 y 90, perdió a uno de sus íconos: Rubby Pérez. Su muerte, tras el desplome de Jet Set, evoca nostalgia por una época de alegría y optimismo.
Por Arianna Córdoba Díaz Sin querer queriendo el merengue se fue colando en las fiestas, bazares, minitecas, discotecas y todo escenario de celebración en la Latinoamérica de la década de los 80's y 90's del siglo pasado. Y no es que antes de estas épocas este ritmo característico de República Dominicana no existiera, al contrario, los historiadores ubican su génesis en 1850 aproximadamente, sino que, a lo largo de esos 20 años tuvo su reinado esta música alegre, enérgica, que invitaba al baile y al jolgorio, gracias, entre otras razones al auge de orquestas como la de Wilfrido Vargas, que con intérpretes como Rubby Pérez, catapultaron este género a lo más alto de las preferencias del público. Pero nada dura para siempre. El merengue si bien sigue vigente, ha cedido espacios en los que antes era indestronable y artistas muy queridos como Rubby Pérez, fallecen de manera absurda, en un hecho conocido por todos: el desplome del techo en la discoteca Jet Set de Santo Domingo, justo cuando el merenguero estaba en el escenario deleitando a unos 2 mil espectadores con su repertorio de éxitos. Sí, lamentable tragedia en la que además del cantante habían perdido la vida 217 personas más, según el reporte oficial al momento de escribir estas líneas, un infortunio totalmente inesperado que ha generado asombro, dolor e incertidumbre. Pero también a otros, a los que tuvimos la fortuna de ser adolescentes o disfrutar de la primera juventud en las dos décadas finales del siglo anterior, la muerte de Rubby Pérez nos produce sentimientos encontrados, porque su partida nos deja tristes, pero nos recuerda tiempos de regocijo genuino y hasta cierto punto cándido, en los que los excesos no eran el común denominador, las tristezas se sacudían con un buen 'merengazo' y el mundo no nos parecía algo tan complicado. Éramos optimistas, más conformes y hasta ingenuos, con decir que Rubby Pérez, nos llevó a corear a todo pulmón y mucho sentimiento su exitazo "Volveré" que evoca un romance fugaz con una meretriz, pero no nos escandalizaba pues fue tan bien manejada la lírica que lo que nuestros oídos escuchaban, mientras los pies bailaban era una historia de amor: La conocí en la taberna, la vi/ Pedí una copa de vino/Me dijo vente a mi mesa/ Y yo le dije vente conmigo/ Subimos a un viejo cuarto los dos/ Hasta el alba nos quisimos/ Me acompañó hasta mi barco/ Le di como recuerdo mi anillo/ Volveré/Volveré/ Porque te quiero/ Hasta tu puerto/ volveré/ Volveré/ Volveré/ Serás mi estrella/ Si tú me esperas/ volveré. A este artista que hoy lloramos, lo conocimos junto a otros grandes del merengue, como Eddy Herrera conformando la "delantera" de la orquesta de Wilfrido Vargas, eran cuatro los cantantes que impecablemente uniformados y con una coreografía sincronizada que en casa tratábamos de imitar, entonaron los himnos de nuestras fiestas como "El africano", "El Loco y la Luna", "El jardinero", "El comején", "la medicina" y por supuesto, "Volveré". Después el fallecido artista tomó el rumbo de la independencia en el merengue y como solista nos siguió cautivando con canciones como "Buscando tus besos" que desde este humilde punto de vista es un poema bailable: Desnuda canta la mañana gris/ que será de mi amor perdido/ no siento nada si no estás aquí/ eres mi fuente, mi pan, mi vino/ Quiero sembrar de flores tu jardín/ amanecer enredado en tu pelo/ de pronto fue cuando comprendí/ que sin tu amor el cielo no era el cielo… Despedimos entonces a Rubby y con él, esa época de nuestra vida que tenía un jardín de rosas, claveles, violetas, pompones y miosotis, que no veíamos, no olíamos, pero que sí bailábamos.