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Opinión

Menos discursos y más resultados

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
13 de enero de 2025

La retórica política, llena de promesas incumplidas, decepciona a ciudadanos en Colombia, Latinoamérica y el mundo. Gobiernos priorizan discursos sobre hechos, dejando obras inconclusas y desencanto.

Por Félix Manzur El mundo, Latinoamérica y Colombia han sido testigos de cómo la retórica política llena los auditorios, las plazas públicas y las pantallas de televisión. Promesas que deslumbran a los ciudadanos terminan desmoronándose en el aire, convertidas en simples palabras vacías. Gobiernos, desde presidencias hasta alcaldías, han caído en la trampa de priorizar discursos sobre hechos, dejando a su paso una estela de desencanto. En Colombia, la promesa de "paz total" se ha quedado corta frente a los brotes de violencia en regiones como el Cauca y el Chocó y muchas otras. El tren de Buenaventura a la Guajira, las nuevas 25 universidades, aeropuertos, hospitales, casas en en aire, vias inconclusas. Mientras insisten en sus llamados a la reconciliación, las comunidades esperan resultados tangibles: carreteras seguras, escuelas dignas y atención médica accesible. Alcaldías como la de Bogotá han enfrentado críticas por proyectos inconclusos, como el metro subterráneo prometido hace décadas. En Latinoamérica, México ofrece otro ejemplo. Andrés Manuel López Obrador prometió en su gobierno la transformación del país con proyectos ambiciosos como el Tren Maya. Sin embargo, las obras han estado rodeadas de críticas por impactos ambientales y retrasos significativos. En Brasil, el programa de vivienda "Minha Casa, Minha Vida" sufrió retrasos durante la administración de Dilma Rousseff, dejando a miles sin acceso a viviendas dignas. Estados Unidos ha sido ejemplo de grandes discursos sin resultados. La reconstrucción de Puerto Rico tras el huracán María fue prometida por la administración Trump, pero los habitantes aún luchan con infraestructuras precarias años después. En Europa, el Brexit fue vendido como una oportunidad histórica, pero para muchos británicos, las promesas de beneficios económicos aún están por cumplirse. Los ciudadanos ya no quieren palabras; quieren resultados. Carreteras que conecten regiones, hospitales que salven vidas, empleos que dignifiquen, y escuelas que formen generaciones. Menos discursos y más resultados debe ser el grito de una ciudadanía cansada de esperar. Los líderes deben entender que las obras trascienden, mientras las palabras se pierden con el viento. Que las promesas no construyen puentes, pero los hechos sí. Es hora de actuar y dejar que las obras hablen.