
Matrimonio y mortaja

El avance genético podría transformar decisiones reproductivas, generando interrogantes éticos y discriminación. La medicina de precisión, aunque prometedora, plantea nuevos desafíos.
Por Álvaro Bustos González* Ya no parece que del cielo bajan. La posibilidad de descubrir en cualquiera genes que predisponen al cáncer hereditario, quizá modifique hacia el futuro la decisión de procrear con determinadas personas. Es probable que los matrimonios o las uniones libres se vean interferidas por los hallazgos genéticos en los consortes. Así como la simple antipatía por la mascota del otro puede impedir una relación, no me quiero imaginar lo que pasará cuando las pruebas de riesgo genético estén al alcance del común, y entonces comience a discriminarse, en términos reproductivos, a los prometidos. Cerebros inmaduros hay que, poco abastecidos culturalmente, se deslumbran con facilidad cuando son imbuidos por el cientificismo, imaginando que la tecnología, como hija de la ciencia, tiene en sus manos la solución de todos los problemas, sin pensar que en estos campos no hay respuestas unívocas ni absolutas, y que cada escollo superado genera nuevas perplejidades. Ya lo había dicho Hans Küng: "La historia de la ciencia está llena de disparates". Pero no por los avances, sino por sus consecuencias. Evidentemente, la genética no perdona. Todo proceso patológico implica una susceptibilidad y una exposición a factores de riesgo específicos. Las susceptibilidades son variables, y dependen de la penetrancia de los genes involucrados, y la mayor o menor exposición a los peligros depende de la voluntad o de las precauciones de cada uno. Por eso debemos vacunarnos. Cuando se habla de que cada paciente es distinto, se trata de que el genoma determina una reacción inmunológica propia ante la enfermedad, y por eso la medicina de precisión, que puede adivinar el mejor tratamiento en cada caso, es una opción plausible que, con seguridad, generará nuevos enigmas. Y así sucesivamente. De ahí que, cuando se habla de la necesidad de individualizar cada caso, no se está haciendo nada distinto a rendirle un tributo anticipado a la medicina personalizada, y a poner en su sitio la vana pretensión de someter al enfermo a protocolos y guías que corren el riesgo de ser mal utilizados por una errática evaluación del enfermo. Hay que repetir hasta la saciedad que el arte de la medicina, si es que esta languideciente profesión quiere mantener cierto sentido epistemológico, no debe abjurar de su valor esencial centrado en la historia del paciente y sus hallazgos clínicos. Lo demás es aleatorio, y no garantiza que matrimonio y mortaja del cielo bajan. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.