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Opinión

Más reguetón, menos poesía

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
15 de noviembre de 2024

El autor se une al auge del reguetón, promoviendo su inclusión en la educación y celebrando los negocios asociados. Critica festivales folclóricos y propone nuevos eventos.

Por Ensuncho De La Bárcena Ha leído bien. No se sorprenda. He decidido pasarme al bando de enfrente y promover todo lo que consideran rentable. Empezando por el reguetón, la música más fina, exquisita y admirable del mundo. Hecha por gente joven y elegante que se expresa de insuperable manera sobre la realidad que les rodea. Verdaderos artistas de su tiempo, empeñados en exprimir hasta donde puedan una fórmula nacida de las calles. Fieles a los intereses que mueven las redes sociales y los medios de comunicación. ¡Hay que promoverlos en los jardines infantiles, las escuelas, los colegios y, por supuesto, las universidades! Hacer comparsas y danzas con reguetón. Que nuestros más pequeños lo bailen en cada video que queremos viral, para demostrar lo divertidos, picantes y despiertos que somos desde muy niños. Ojalá a nuestros alcaldes, concejales, gobernadores, diputados, congresistas y presidentes, se les ocurra seguir el ejemplo que puso, hace años, un político y empresario de Medellín: condecorarlos con nuestras máximas distinciones. ¡Por ser los verdaderos poetas urbanos de hoy! No importa que no sepan de melodía ni de armonía y que su noción del ritmo sea tan limitada y repetitiva. Eso es lo de menos. Lo que interesa es que sus canciones pongan a bailar a millones en el mundo entero y que sus letras estén promoviendo nuestra lengua hasta en lugares donde nunca había interesado. Esta camada de artistas contemporáneos son verdaderos precursores, pioneros, vanguardistas. Es más, deberíamos estimular, desde el Caribe, la creación del Premio Mundial del Reguetón, solo comparable con el Premio Nobel, la Copa Mundial de Fútbol y el Miss Universo. Además, deben ser muy valorados todos los negocios que promueve esta exitosa música: las drogas sintéticas (especialmente el tusi), la prostitución (sobre todo la infantil) y la publicidad exagerada de champaña, ropa deportiva, zapatos de marca y autos de lujo. Insisto: promovamos todos estos nuevos valores desde nuestras casas y que el sistema educativo rinda pleitesía a todos estos artistas y sus productos favoritos. Acabemos de una vez con nuestros festivales folclóricos (por obsoletos) y creemos nuevos eventos que calen hondo en nuestra juventud: Festival de Drogas Sintéticas, Concurso Nacional de Modelos Webcam, Premios al Gym con más Likes en Instagram, Festival de Cine Tiktokero y muchas ideas más que no caben en esta columna. Celebremos que por fin somos Narcolombia: la nación libre e independiente que soñaron nuestros próceres. El país en el que se puede abortar hasta el sexto mes de embarazo y prohíbe las corridas. Simón Bolívar debe estar orgulloso porque su descendiente, escritor reguetonero, es un tumbaestatuas del tirano opresor. La poesía ha muerto.