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Opinión

María

Bibiana Cabarcas
Bibiana Cabarcas
Columnista
11 de diciembre de 2024

Diciembre trae alegría con regalos y fiestas, pero la Navidad es más. Celebrar el "sí" de María, madre de Jesús, es honrar la esperanza y el amor que redime a la humanidad.

Por Bibiana Cabarcas Jolgorio y algarabía se sienten en el ambiente, la gente corre como loca buscando regalos, comidas y el estrene, es que llegó diciembre y con él las celebraciones de Navidad y fin de año; y por un instante los problemas se olvidan y todo se llena de luces, fiestas y alegrías. Sonrisas van y abrazos vienen, las familias se reencuentran y con los amigos se recuerdan anécdotas juveniles que sacan carcajadas. No faltan los borrachos, las comilonas y el tirar la casa por la ventana, se desempolvan los arbolitos y se derraman algunas lágrimas por los que ya no están. Todo es fiesta y parranda, y eso está bien; pero se nos olvida el sentido de la Navidad y el origen divino y salvífico que representa el sí que dio una joven virgen llamada María hace más de dos mil años en Nazaret, un pueblo de Galilea. Ella dijo sí al arcángel Gabriel, que le anunció que sería la madre de El Salvador, y con ese sí, la tierra salió de la oscuridad y latió viva la esperanza de que la muerte no subyugaría a la humanidad y que el camino la verdad y la vida crecería en su vientre y traería la vida y la vida en abundancia. Es María con su consentimiento la autora de toda esta luz y alegría que nos invade en Navidad, que nos trajo la gracia divina de concebir a todo un Dios que quiso hacerse pequeño, naciendo como hombre y compartiendo en todo su naturaleza humana, menos en el pecado. La obra de redención a la humanidad nace de esta sencilla joven judía, que, gracias a su fe, esperanza, amor y obediencia a Dios alcanzó para los hombres la salvación. Los católicos honramos a la Santísima Madre de Dios con reverencia, es un modelo de perfecto amor a Cristo y quien nos enseña el camino que tenemos que recorrer, cada día creer con mayor profundidad y amor en su propio Hijo, la palabra hecha carne, Jesús, y obedecerle, cumpliendo su santa palabra. Esta es una época de buscar a la verdadera luz del mundo, quien nació alejado del bullicio y de los lujos mundanos, que vino para ofrendarnos su vida en una cruz pagando con su sangre por nuestros pecados, es hora de mirarnos en el rostro de María y al igual que ella darle el Sí a nuestro Salvador.