
Marchas y democracia

Las marchas, expresión de la democracia, dividen a Colombia. Manifestaciones a favor y en contra del gobierno revelan dos realidades: inconformismo y apoyo. ¿Cuál es el camino a seguir?
Por Miguel Mercado Vergara En un régimen como el que rige nuestro andamiaje institucional, salir a la calle a marchar es una de las expresiones más auténticas de la llamada democracia real porque profundiza el concepto de la mera democracia formal que es la que usualmente se expresa en las urnas. Con las marchas se activa la reivindicación de los derechos ciudadanos a vivir mejor y, a su vez, el gobierno tiene la oportunidad de bastantear cuál es el sentir y el inconformismo que se agita al interior del pueblo para así buscar la solución a los grandes problemas nacionales. Planteado así el asunto, la masiva expresión popular, sin importar el color político, se convierte en la herramienta más útil para conquistar el bienestar general. La multitudinaria marcha con sabor antigubernamental del 21 de abril, no hay que discutirlo, estremeció al país. Hubo una demostración pacífica de inconformismo sobre el transcurrir del llamado mandato del cambio. Así mismo, la masiva presencia del pueblo en la mayoría de las calles de Colombia el pasado 1º de mayo para apoyar al gobierno es demostración de gran respaldo. He ahí un país dividido. Sin lugar a dudas hay dos Colombia. La balanza se muestra equilibrada. La gran masa que le enrostra al régimen, sus equivocaciones, desaciertos y ausencia de acción para superar la aguda problemática nacional y la otra porción de la sociedad, con igual o superior volumen, que agita la bandera contraria, es decir, la que aplaude la actividad gubernamental. Frente a esa palpitante realidad, ¿cuál es el camino a seguir? En lo profundo del alma nacional, allá donde está esa inmensa mayoría que aguarda por encontrar la solución a los graves problemas en el campo de la salud, el desempleo, la falta de oportunidades, la carestía de los servicios públicos, la real custodia del medio ambiente, la construcción y reparación de centros de enseñanza, la adecuación de vías que rehabiliten las zonas rurales, etc., allí en ese inmenso entorno, palpita la idea de que esas dos Colombia se dejen de insultar y agraviar cada vez que salen a marchar porque así lo que están es convirtiendo las calles y plazas de nuestras ciudades en tinglados de boxeo. Hay un clamor de unión nacional. Es difícil. Hay que eliminar el agravio. Es la hora de la sensatez. [email protected]