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Opinión

Marchas: su realidad

Remberto Burgos de la E.
Remberto Burgos de la E.
Columnista
29 de abril de 2024

Colombia, con una historia de protestas, vivió un 21 de abril histórico. Miles marcharon por salud, pensiones y justicia, clamando contra la impunidad y la corrupción.

Por Remberto Burgos de la Espriella Pensé que su origen guardaba relación con las manifestaciones de inconformidad en donde la protesta en las calles era una expresión del rechazo. En junio de 1929 los estudiantes de la universidad nacional se manifestaban en contra del gobierno conservador de Miguel Abadía Mendez. Dentro de ese grupo de 25 mil estudiantes estaba Manuel Gonzalo Pérez (1929) estudiante de derecho, la tropa para pararlos abrió fuego y este líder fue asesinado, quizá la hegemonía conservadora empieza con este asesinato. En 1948 no podemos olvidar la Marcha del Silencio organizada por Jorge Eliécer Gaitán para protestar por violencia partidista. Las marchas contra el General Rojas Pinilla y el sacrificio en la entrada de la universidad de Uriel Gutiérrez.El paro cívico de las Centrales Obreras convocado en 1977 para protestar contra la intransigencia de López Michelsen.Luego sigue la Marcha Blanca contra las Cárcel, Paro Estudiantil del 2008 y el Paro Agrario del 2013. Son numerosas las manifestaciones de protesta y Colombia sabe reclamar cuando se muestran arbitrariedades. El pasado domingo 21 de abril fue histórico. Inolvidable y apoteósico. El país cambió la supremacía de las calles: hoy es la ciudadanía y su responsabilidad patriota quien convoca. Su arma inmunológica base: la defensa primaria de la democracia. Lo que pasó no está registrado todavía; miles de personas marcharon y protestaron en todo el país. Médicos y pacientes para defender la salud acribillada, los ciudadanos para defender su pensión y la búsqueda del trabajo formal. Se marchó contra infinidades de improvisaciones y sus nefastas consecuencias. Los fallos de una justicia amarrada y sus sentencias premeditadas. Caminamos y marchamos contra la injusticia. Los corruptos de cuello blanco que no han sido condenados hay que sancionarlos, especialmente los de alto rango. No puede ser una élite de ladrones. Hay funcionarios de ese nivel que siguen libres, cuentas que no se han pagado y la cárcel los espera. Individuos que hoy ocupan -sin méritos- altas responsabilidades y lo único pendiente: la deuda con la sociedad que representaron. Marchamos para que no exista impunidad y los ciudadanos sepan que los reglamentos de la nación son estrictos y quienes no lo cumplen hay que sancionarlos. No podemos aceptar impunidad por encima del 95% y esto es una gran vergüenza de país. Marchamos para que la justicia no tartamudee y llegue pronto; hay muchos convictos que le falta la sentencia. Esta no puede demorarse más.