Marcharse de la ciudad que uno ama…
Un estudio de cultura ciudadana en Sincelejo revela que, aunque la mayoría de sus habitantes la aprecian, el orgullo y el deseo de permanecer disminuyen.
Por Lewis Pereira Un equipo humano de profesores e investigadores que tengo el honor de coordinar (solo coordinar porque entre todos hacemos el trabajo), fue el autor del más reciente estudio de cultura ciudadana de Sincelejo, que tocó diez dimensiones y se presentó en un importante evento en un conocido centro comercial. Entre las cosas que llaman la atención y que se midieron, se encuentra el bienestar ciudadano o mejor dicho, los sentimientos de bienestar de la gente por la ciudad. Se encontró que la mayoría tiene sentimientos positivos para con la misma, pero con varias aclaratorias; el 78% declaró gustarle la ciudad, pero solo el 55,5% sentirse orgulloso. Una persona se puede sentir bien en una ciudad y al mismo tiempo no sentirse tan orgullosa, o puede que considere que se trata de su tierra natal, su tierra querida, pero que la situación no es buena en algún momento, es decir, ligar el orgullo a algo más circunstancial y el gusto a algo más permanente. Esto se deja ver cuando se cruza la variable con la edad, el sexo o el grado de instrucción, según la encuesta es más probable que se declaren sentimientos de bienestar en la medida en que aumenta la edad y que disminuya con el nivel de escolaridad, los doctores, por ejemplo, declararon sentirse menos cómodos. Es cierto que cada quien busca en una ciudad diferentes cosas, los doctores quieren lo suyo, los deportistas instalaciones donde practicar, los médicos, sus consultorios y así sucesivamente; todo depende de las expectativas. En todos estos casos el orgullo es menor. Se entiende mejor cuando se observa el porcentaje de personas que se quieren ir, según emergió también de los datos, esta cifra alcanza el 41,8%, lo cual se acerca peligrosamente a la mitad de la población. Si se compara con los datos anteriores, quiere decir que les gusta la ciudad, pero, al parecer, consideran que deben irse o que es necesario irse por alguna razón. La querencia no es lo mismo que el pensamiento sobre la conveniencia, no parece que lo estén pensando porque quieran, sino porque han llegado a la conclusión de que es necesario hacerlo, algo así como tener que marcharse, aunque no quieran. Debe ser triste tener que irse de una ciudad que a uno le gusta y dejar todo atrás. Esto también hace referencia al hecho de que el fenómeno es reversible, las personas no se quieren ir, pero la ciudad tiene que ofrecerles las oportunidades que van a buscar en otros lados.