
Marcha oficial

El equilibrio entre lo público y privado se desdibuja. La protesta, tradicionalmente un contrapeso, se institucionaliza por el gobierno, atacando la riqueza privada y la libertad ciudadana.
Por Fernando Negrete Lo oficial o público tiene la connotación de general o universal respecto a lo privado o particular, por lo que se aplica a todo el mundo haciendo lo primero más plausible y el camino para superar las diferencias porque las leyes, que son del resorte público por excelencia, son elaboradas para tratar a todos por igual pese a que en su parte práctica, en el juicio de los jueces, puede haber interpretaciones que sesgan hacia algunos actores. La protesta se hace ante quien ejerce el poder porque el papel del que hace este "trabajo" es utilizar los recursos que se producen en lo privado para organizar y atender las necesidades de la gente utilizando la parte de la riqueza que se transfiere a lo público, con la obligación y capacidad de organizar las cosas. Lo anterior hasta cierto punto, porque es la persona, el individuo, en su actividad diaria quien como sujeto de la ley, la propone y elabora a través de los cuerpos colegiados que representan a la sociedad conformada por lo público y privado, en una especie de equilibrio en los que unos y otros se cruzan los roles, para que haya la posibilidad que un número significativo de miembros puedan estar por momentos o períodos en uno u otro lugar. Definidos los roles, a la gran mayoría que no son lo público u oficial, le corresponde la tarea de trabajar de forma personal, grupal, colectiva, en la elaboración de los productos y servicios que la sociedad necesita, creando la riqueza que solo surge del trabajo y que luego se distribuye según las reglas que se implanten y que cuando escasean o no es fácil su consecución, la norma reconoció el derecho a la protesta pacífica para obtener lo requerido. La protesta se hace ante quien ejerce el poder porque el papel del que hace este "trabajo" es utilizar los recursos que se producen en lo privado para organizar y atender las necesidades de la gente utilizando la parte de la riqueza que se transfiere a lo público, con la obligación y capacidad de organizar las cosas con criterios de economía y beneficio social. Resulta que hace algunos años esta división del trabajo entre lo público y privado empezó a cambiar cuando un alcalde salió a protestar con la gente porque la vía de acceso al casco urbano estaba mala y años después, otro alcalde en la capital del país encabezó una marcha contra el mal servicio del transporte público de buses, lo que llamó la atención de la gente porque se esperaba que estos mandatarios fuesen quienes enfrentaran el arreglo de estos problemas y contra quienes iba dirigida la protesta. Ahora resulta que, al lado de la economía informal, popular, que mantiene a la población sumida en la pobreza y del ataque a todo lo que huela a privado desde el gobierno: hogares, empresas industriales, mineras, comercios, gremios, federaciones, etc., el gobierno institucionaliza la protesta desde el lado oficial y contra la sociedad porque esta no le permite implantar un sistema social ahistórico que coarta la libertad y mantiene a la población en la pobreza. ¡El mundo cambiado!