
Mal ejemplo

Las "brisas de febrero" arrastran cuentos de decepción, revelando ejemplos de corrupción en administradores, religiosos y políticos. Un análisis sobre la pérdida de confianza y sus consecuencias.
Por Remberto Burgos de la E. Las brisas de febrero son rastreras; empiezan desde el piso de los robles, sacuden el árbol, contornean sus hojas y comienzan a viajar hacia el occidente. Aumentan de intensidad y van recogiendo todo… incluyendo los cuentos de la comarca. Me recuerdan a los seres abyectos. A mi padre le contaron que Miguelito le estaba robando la leche, era el encargado de la administración de la finca. Allí había nacido. Su progenitor trabajó toda la vida con nosotros y quién mejor que él para hacerse cargo de los senderos rurales que circundaban la finca. Ese día sabía que los tanques de leche estaban escondidos en el baño, llegó temprano y sin decir nada los vio espumosos sobre el rincón. Llamó a Miguelito y no dejó que este hablara, solo le dijo: "esto es un mal ejemplo". Una semana fue el tiempo necesario para que organizara sus cosas, a los otros trabajadores no los saludaba y un viernes en la mañana se marchó. Hay un grupo de individuos dentro de la sociedad a quienes no se les perdona un mal ejemplo. Uno de ellos, los sacerdotes. Son los mensajeros de nuestras convicciones y en ellos depositamos nuestra fe. Cuando uno de ellos cae, la credibilidad se debilita y se debe hacer un esfuerzo personal importante para recuperarla. Qué tal cuando un Maestro es el que falla. Es muy difícil enseñar si el ejemplo adecuado no respalda lo que decimos. Se puede enseñar álgebra o trigonometría, pero lo que no se puede transmitir es comportamiento. Un solo gesto enseña más que miles de palabras. El último grupo es el de los políticos. Siento pesar por aquellos que, en campaña -como las brisas de febrero- ofrecen de todo. Consiguen el anhelado puesto y lo ofrecido se lo lleva el viento. Qué decir de aquellos que no hicieron nada y cuando entregan el cargo tienen una colección de bienes. Cuando rinden indagatoria llegan con el ceño fruncido y sus electores lamentan y saben que son culpables. Son expertos en comisiones, ases del cupo indicativo y tienen la confianza que los declararán inocentes para seguir con la misma magulladura. Estos cuatro ejemplos son una muestra de lo que significa un mal ejemplo y del impacto que producen desde el lugar donde se encuentren. Hemos perdido la certeza de cómo actuarán en un futuro y esto agrieta la moral colectiva. Lo irritante de los políticos es que son la sumatoria del trabajador, del sacerdote y del maestro. ¿Qué hacer en un país sin confianza? Diptongo: recuerdan a Dostoiewski. Su esposa le dio una finca, la última que tenía. La perdió jugando. Nunca más se sentó a jugar.