
Maestros inspiradores: María Antonia y el Villa

En Buenavista, la labor de Alberto Villalobos y María Antonia Granados trascendió las aulas. Maestros ejemplares, marcaron e inspiraron a generaciones, dejando un legado imborrable en la comunidad.
Por José Armando Benítez Tuirán Hay maestros entre los maestros. Profesionales que, en el ejercicio de su deber, marcan, inspiran, se acercan y conectan con su alumnado. Profesores que se convierten en agentes de cambio para la sociedad. Poseedores de una gran capacidad para influir positivamente en el devenir de las nuevas generaciones y en las realidades cambiantes, a la que estos se enfrentan. Que a una comunidad le toque la suerte de contar con un profesor de estas características es algo extraordinario, pero que le toquen dos, es algo que solo se puede calificar como maravilloso. Les sucedió a varias generaciones de buenavisteros. Muchos pudieron disfrutar de ser alumnos de Alberto Villalobos Dauder y María Antonia Granados Esquivel. Dos grandes profesores y aún mejores personas. Y es que más que docentes fueron formadores, favorecedores del desarrollo de las habilidades, que esas generaciones necesitaban como personas en construcción. Dos profesionales dotados de una capacidad de respuesta suficiente para afrontar los retos de las demandas sociales de un pueblo en crecimiento. Y es que ellos llegaron, y decidieron quedarse dando clases en Buenavista, cuando todavía no había colegio de bachillerato. No cabe duda del importante papel de estos educadores en la construcción de una mejor sociedad y en el crecimiento del municipio. Dos maestros que fueron determinantes para que surgiera la primera generación de profesionales buenavisteros. Hablar de Alberto Villalobos es devolver la mirada a un buenavistero que Magangué nos prestó y que no se lo regresamos. Un salsero, buen conversador, poeta, gran lector, dueño del don de la palabra y una inspiración para muchos quienes hoy ejercen la profesión de maestros. Un activista social que recoge los frutos de una vida de esfuerzos. María Antonia Granados es la primera cachaca de Buenavista. Una mujer que revolucionó la cultura de un pueblo que no encontraba su identidad. Sus centros literarios son el nicho de actores, productores, cantantes, músicos, periodistas, poetas, escritores, columnistas, bailarines, coreógrafos, gestores culturales, pintores, escultores y una gran variedad de artistas que encontraron un impulso a su pasión. Y de un evento nacional que identifica a Buenavista: el Festival de Mapalé. Cientos de triunfos personales llevan la imprenta del Villa y de María Antonia. Dos personas que, aunque estén jubiladas, viven para inspirar. Dos "Maestros" de la vida. Dos personajes que formaron un hogar ejemplar. ¡Qué bueno sería tener a más profesores así! ¡Qué dicha haber sido uno de sus alumnos!