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Opinión

Maestrías y doctorados

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
12 de diciembre de 2024

La educación superior colombiana transformó sus posgrados, pero la sobreoferta y la falta de aplicación laboral generan dudas. El magisterio es su principal cliente. ¿Cómo aprovechar este conocimiento?

Por Fernando Negrete Montes La educación superior en Colombia ha evolucionado en los últimos treinta años al pasar de la organización por facultades y áreas del mismo sector y continuidad de los programas ofrecidos, con especializaciones de tres semestres, maestrías de entre 5 y 6 semestres y doctorados de 8 y 10 semestres, a la proliferación de estudios posgraduales con duración de dos, cuatro y seis semestres para la obtención de los mismos títulos y no en las facultades originarias del pregrado, sino en pabellones que mezclan las distintas áreas del conocimiento. El resultado de esta realidad es que no todos los graduados van a encontrar el camino para aplicar sus nuevos conocimientos porque las empresas no tienen cupo para tanta gente preparada o requerir de conocimientos especializados, a no ser que el recién graduado traiga una innovación y tenga la facilidad y libertad para implementarla, hecho que no está ocurriendo dado que la apertura de la educación posgradual a diversas disciplinas "revueltas", semeja un bachillerato en donde se enseña de "todo". Un sector que ha terminado como cliente principal de esta oferta educativa a corto plazo es el magisterio, facilitada por el estatuto del sector que abrió la opción de ejercer la docencia a profesionales de diferentes disciplinas y de ascender en el escalafón con unos requisitos que se han reducido con el tiempo pasando de evaluaciones escritas, a la llamada evaluación diagnóstico formativa que eliminó los exámenes, además de la expedición de nuevos estatutos docentes por sectores sociales en donde lo que más pesa es la pertenencia a un grupo, por encima de los criterios académicos. Solo se espera que con este "ejército" de posgraduados que tiene un mayor costo de operación, la educación y la economía del departamento y sus municipios encuentren la forma de desarrollar sus sectores productivos porque la formación que han de recibir los estudiantes de hoy: inicial, básica y media, ha de habilitarlos para enfrentar en mejores condiciones la transformación de la sociedad porque los conocimientos adquiridos ahora, deben ser superiores a los de sus predecesores. No obstante, las dudas surgen y persisten porque muchos doctores están encerrados en los claustros universitarios y sus esfuerzos intelectuales se reducen a la edición de publicaciones que les mejoran sus remuneraciones hasta el punto de ganar algunas cifras elevadas respecto de la mayoría de los asalariados del país, mientras agricultores insisten con maíz y arroz en condiciones inferiores que no rinden y quiebran ante la competencia externa. La alternativa es sacar este conocimiento de las aulas y que la pléyade de nuevos magíster y doctores que empieza a circular por la educación inicial, básica y media, disfrute de su nuevo logro y lo comparta con sus alumnos ayudando a formar esa generación que aplique sus conocimientos para superar los vacíos que nos mantienen rezagados.