Madera ilegal
La compra de madera ilegal por la UNGRD en San Andrés expone el persistente tráfico en el Nudo de Paramillo. La corrupción y la falta de control agravan la deforestación, amenazando la biodiversidad y la seguridad.
Por Rafael Negrete Quintero La reciente revelación periodística sobre la presunta compra de madera ilegal por parte de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), con fines de reconstrucción en San Andrés, ha dejado al descubierto un problema que, aunque conocido, sigue sin solución efectiva: el tráfico ilegal de madera en el Nudo de Paramillo. Esta zona, crucial para la biodiversidad de Colombia, ha sido escenario de explotación forestal desenfrenada durante años, en gran parte controlada por grupos criminales como el Clan del Golfo. La tala de árboles no es un hecho aislado, es parte de un negocio lucrativo que afecta no solo al medio ambiente, sino también a la economía y la seguridad del departamento de Córdoba. A pesar de que la tala ilegal en el Nudo de Paramillo es una problemática histórica, no se perciben acciones sistemáticas, coordinadas y efectivas por parte de las autoridades ambientales, como la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge (CVS), ni de las fuerzas de seguridad. Aunque podría parecer complicado llegar a los sitios de extracción, lo cierto es que el problema podría combatirse desde las carreteras por las que transitan los camiones cargados de madera ilegal, que cruzan Montería y otras zonas del departamento. La falta de controles en estas rutas, que permiten el tránsito constante de cargamentos ilegales, es un testimonio del fracaso de las instituciones encargadas de detener este crimen. Este tráfico no ocurre sin complicidad. En las investigaciones más recientes se han identificado dos brechas graves que facilitan la operación de estas redes: la emisión de documentos falsos por parte de funcionarios en las corporaciones autónomas regionales, y los sobornos que reciben algunos miembros de la fuerza pública, como parece haber sucedido en Tierralta. Ambos factores permiten que la madera ilegal cruce el departamento sin mayores obstáculos, mientras las organizaciones criminales siguen beneficiándose a costa del medio ambiente. El Nudo de Paramillo no solo es un pulmón verde para Córdoba, sino también el hogar de especies amenazadas, como el jaguar, el mismo felino que da nombre al equipo de fútbol profesional de Montería. La deforestación no solo está destruyendo los bosques, sino también el hogar de estos majestuosos animales, cuya supervivencia depende de la conservación de su entorno. La protección de esta región debe ser una prioridad urgente. Con un esfuerzo coordinado que ataque las raíces del problema —funcionarios corruptos, rutas de transporte ilegales y sobornos— podríamos garantizar que Córdoba y su valioso entorno natural no sean víctimas del olvido institucional, y que especies emblemáticas como el jaguar sigan habitando el Nudo de Paramillo.