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Opinión

Los últimos días de Maduro

Miguel Mercado Vergara
Miguel Mercado Vergara
Columnista
29 de agosto de 2025

Toda la América Latina y el resto del mundo está enterado del angustioso trance que hoy, inmerecidamente, se vive en Venezuela. Los barcos de guerra repletos de soldados norteamericanos armados hasta los dientes que rodean sus costas han llegado dispuestos a fulminar los propósitos de Nicolás Maduro de persistir en el despótico reinado que instauró luego de haber cometido el más descarado fraude electoral a plena luz del día el año pasado.

De sobra se sabe que su arrogante afianzamiento en el poder hoy lo ha convertido en un instrumento para montar todo un aparataje que abarca por completo las ramas del poder público y el estamento militar, reinando a su antojo sin limitación alguna. Sobra decir que ha construido una dictadura que desconoce de palmo a palma toda regla de gobierno democrático. Es tan desmedido el poder montado por Maduro en Venezuela que se ha dedicado a ser el gran líder de toda una organización ilegal en torno al tráfico de cocaína establecida para exportar estupefacientes conocida como el "cartel de los soles". Ninguna mente sensata aplaude la invasión de un país a otro. Pero en el caso concreto de Maduro, quien por nada del mundo se ha querido convencer de que perdió las últimas elecciones con Edmundo González y se aferra a seguir gobernando contrariando tan contundente expresión mayoritaria y sin que exista al interior de Venezuela ningún instrumento que lo obligue a claudicar ante el descomunal fraude, se justifica la incursión naval de EE. UU., pero aclarando que ojalá solo se trate de una ayuda para que el hermano país supere la mala hora que vive. En esos términos, la comunidad internacional admite que USA le meta el hombro a la salida del déspota porque es absolutamente imperdonable, en cualquier lugar del mundo, que la voluntad del pueblo sea burlada y pisoteada, tal como lo hizo Maduro ante la derrota contundente que padeció. Ningún gobierno que se construya atropellando la soberanía popular puede desarrollar sus planes y proyectos dentro de los cauces de la normalidad. Siempre hallará grandes obstáculos y un desenlace infernal. Lo espera el sitial de los sátrapas y un final tormentoso. Es lo que le sucede al gobierno de Maduro, que hoy, lastimosamente, vive sus últimos días.