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Opinión

Los tiempos del candil

Miguel Mercado Vergara
Miguel Mercado Vergara
Columnista
19 de abril de 2024

Ante la escasez de agua, vuelven los apagones. La falta de energía eléctrica impacta la economía y genera incomodidad, reviviendo tiempos de candil.

Por Miguel Mercado Vergara Están prendidas las alarmas. Pero no es para escandalizarse pues una innegable realidad nos está forzando a volver a los tiempos del candil, aquel viejo utensilio con su candileja repleta de aceite que servía para alumbrar en las noches de penumbra. Ya es noticia que si no hay precipitaciones lluviosas en estos días cruciales vienen los apagones pues los niveles de ríos y embalses son tan bajos que sus reservas están a punto de llegar al límite. ¿A quién culpar de esos hechos tozudos? ¿Hay maneras de evitarlos?. Frente a esos desafíos de rigurosa técnica como es la que incumbe a la producción energética, quienes desconocemos el tema lo único que se nos ocurre pensar es en la gran inversión para la construcción de más embalses que le posibiliten a las hidroeléctricas generar energía. Es el raciocinio elemental de quien ignora las profundidades de esa compleja problemática. Frente a la escasez de embalses los riegos de menor generación de energía son evidentes. Un apagón acarrea múltiples malestares, no solo por el inclemente calor que de suyo se vuelve insoportable, más en las extensas zonas litorales, sino por el desmedro de la economía en todos sus renglones. De los apagones guardo un recuerdo entre grato y pintoresco. Mis pininos como columnista los hice cuando iniciaba estudios de Derecho, en el periódico El Universal de Cartagena, el diario fundado por Domingo López Escauriaza, un patricio liberal de los años 30, hermano del irreverente poeta el Tuerto López, una de cuyas poesías más conocidas alude a los zapatos viejos. En la heroica hubo unos apagones como los que hoy se anuncian. El fastidio en la ciudad era insoportable. Hasta las brisas del mar semejaban bocanadas infernales. El periódico por entonces se editaba con linotipos y plomo fundido. La falta de fluido retardaba el trabajo hasta la madrugada. Escribí en aquellos días una crónica que titulé "Cartagena vuelve al candil" donde criticaba duramente a la empresa prestadora del servicio de energía. El día de esa edición fueron del periódico a cobrar el cheque por el costo de un aviso publicado donde dicha empresa pedía excusas por los apagones, pero no lo entregaron debido al contenido de mi crónica. Fui sentenciado por el Dr. López con el despido pero al instante de dar la orden se fue la energía, entonces fui perdonado.