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Opinión

Los retos de la vida laboral

Susana Viera
Susana Viera
Columnista
23 de junio de 2024

Las cicatrices simbolizan curación, pero el trabajo, a menudo, se asemeja a una herida abierta. Con altas tasas de desempleo, ¿se vive o sobrevive en el ámbito laboral, dominado por la hostilidad y la insatisfacción?

Por Susana Vieira De los dilemas humanamente hermosos son las cicatrices, cuando nos recuerdan el dolor y la sanación. Una cicatriz es eso, la evidencia de la capacidad de nuestro cuerpo para seguir adelante. Sin una mano, sin una pierna, sin un riñón. Indudablemente que, la fuerza física sin la maravillosa fuerza mental o voluntad, no avanza. Opuesto a este pensamiento, la vida laboral parece una herida abierta, un desangre permanente de las mentes saludablemente ambiciosas que no hallan el equilibrio entre el gozo por el “oficio” y el salario mensual. Elegir entre ser asalariado o desempleado podría parecer estúpido. A sabiendas de que la estupidez está definida como la falta de inteligencia, quién elegiría no tener trabajo en un país donde la tasa de desocupación o desempleo nacional para el mes de abril fue del 10.6% y la tasa de ocupación en 57,2%, según el DANE. Esta relación porcentual significa que del número de personas que integran la fuerza laboral o población económicamente activa solo el 10,6% no tienen empleo. ¿A qué, entonces, se dedica el resto? Supongo que corresponde al empleo informal y a los que sueñan con algo más que un esclavizante trabajo. No romantizo la pobreza. Así lo he expresado antes. En otras palabras, reconozco el valor del dinero. No obstante, y de manera muy personal, he llegado a la conclusión de que la vida no se vive en los ambientes laborales. Y mucho menos cuando el trabajo solo se equipara al único medio para cumplir obligaciones.  Al trabajo se va a trabajar. Punto. La cuestión es, ¿vives o sobrevives? ¿Qué es trabajar? Cumplir funciones, horarios, órdenes y expectativas por una remuneración. Lo complejo es cumplirlas en entornos hostiles, rodeado de personas que no eliges, y sólo están allí, llenos de dolor, envidia, críticas, frustraciones e inconformidades. Y finalmente, el latente miedo al desempleo.  Si no eres la jefa, rara vez encuentras personas que te vean con merecido respeto y admiración. No nos digamos mentiras. De ese 57,2% de personas ocupadas y productivas, ¿cuántas aman su trabajo o tienen vidas felices? Y siendo mujer, empeño mi fe para aseverar que en los ambientes laborales permanecen las conductas misóginas tanto en hombres como en mujeres, tanto si tienes una jefa joven, hermosa e inteligente, como si tienes un jefe al que no le agradan las mujeres bonitas e inteligentes. Todo se reduce al temor de enfrentar el verdadero reto de la vida laboral, ser feliz haciendo lo que haces, sin importar los odios o amores de la gente que te rodea. ¿Será, entonces, que la vida se vive después de la jornada laboral?