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Opinión

Los primos: el 'Donra'

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
30 de octubre de 2025

Los primos suelen ser esa mezcla de hermanos y amigos reunidos en una sola persona. Es difícil que alguien no conserve en sus afectos a un primo que, durante la niñez, la adolescencia o la juventud, se convirtió en una persona imprescindible, vital e irremplazable. La primacía es un vínculo fuerte e inquebrantable que lo tiene todo. La familiaridad aporta el amor, el peso existencial de compartir la misma sangre y el mismo origen, y la fortaleza de un vínculo que no podemos deshacer porque nos viene dado de nacimiento. La amistad, por su parte, proporciona una conexión profunda que trasciende las circunstancias, que intensifica la lealtad, el apoyo incondicional y la aceptación del otro con sus defectos, manías y virtudes.

Un primo es alguien que te conoce a fondo y, a pesar de eso, te quiere. Son lo que nosotros no somos, son la otra parte que nos falta y nos complementa, o lo que no soportamos, pero aceptamos y queremos. Con ellos compartimos un lugar común: la casa de los abuelos. Y allí siempre se tejen memorables recuerdos, momentos épicos cargados de una complicidad emocional que nos perdura en la memoria y que nos invita a pensar que siempre podremos contar con ellos a pesar de la distancia o el paso del tiempo. Sin duda, el vínculo peculiar que se crea entre los hijos de los hermanos goza de una permanencia emocional. Sin embargo, la edad adulta conlleva obligaciones que pueden alejarnos de aquellos amigos que nos ha regalado el árbol familiar. Y en la vejez los hijos y los nietos parecen acaparar todo y aparcar la primacía. Por eso hoy quiero resaltar la vida de él "Donra" Ramiro Pineda Navarro, primo de mi abuela, y quien supo hasta sus últimos días mantener con mis tíos, mis hermanos y mis primos una relación de familiaridad que perduró siempre. Era el último de una generación de mi familia que se acabó con su partida. Qué agradable sería, después de haber tenido el privilegio de crecer al lado de muchos primos, poder llegar a la vejez disfrutando de esos encuentros espaciados, pero anhelados. Y si se pudiera pedir más, llegar a ser para los hijos y los nietos de los primos, como el "Donra", un miembro entrañable de la familia. Un ser humano que con su manera de ser logró ganarse el corazón de cuatro generaciones.