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Opinión

Los planchones de Montería

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
5 de junio de 2025

El planchón, transporte emblemático de Montería, podría transformarse en una experiencia turística y refrescante en el río Sinú. Mejoras en comodidad y seguridad son clave.

Por José Armando Benítez Tuirán Cruzar el río Sinú en un planchón puede ser; un mal necesario, una tortura lenta y sofocante, o un momento de contemplación y de paz. Sin embargo, es posible crear una experiencia fascinante que permita atravesar Montería de lado a lado bajo el amparo refrescante de un rancho flotante, escuchando porros y acompañado por el susurro del agua turbulenta que baja desde el Nudo del Paramillo. Y es que el Planchón es de lejos el transporte público más autóctono, más original y, sobre todo, más monteriano que existe. Mientras que puentes para unir la ciudad tenemos dos, y durante muchos años tuvimos solo uno, de planchones hemos tenido los suficientes y necesarios. No hay monteriano que no haya contemplado un atardecer viendo esas casas flotantes atravesar el río, atadas por un hilo invisible que llena de magia la panorámica. Montar en Planchón es una de esas cosas que hacemos los cordobeses en nuestra capital, aunque no se necesite, se hace por el inmenso placer de navegar por ese río que divide, pero a la vez abraza, a las dos márgenes de una ciudad que ha crecido bañada por sus aguas. Pero a esas embarcaciones hay que embellecerlas, dotarlas de condiciones de seguridad y comodidad. Incluso, en un futuro, podrían convertirse en refugios climáticos, equipándolos con aires acondicionados que funcionen con paneles solares, aprovechando el potente sol que nos azota casi todo el año. Acompañar los recorridos de orilla a orilla con una música de ambiente en un volumen adecuado que permita conversaciones o viajes introspectivos de los usuarios. Sacar provecho de la belleza paisajística de las riberas del Sinú y de la tranquilidad que transmite el río cuando lo cruzamos. En fin, brindar en este transporte tan antiguo viajes placenteros por las aguas del río Sinú para atravesar la ciudad de las golondrinas sería maravilloso. Que sean para el disfrute de los pasajeros que día a día lo usan, pero que también se puedan convertir en un atractivo turístico. Es verdad que he romantizando una actividad que cada día miles de monterianos realizan: hartos, acalorados, sudados, otras veces desesperados por largas esperas, haciendo equilibrios para no caer por el barranco o por las pasarelas improvisadas, y agobiados por un montón de inconvenientes más. No he pretendido ocultar la precariedad del servicio de planchones, he querido visualizar el futuro del medio de transporte que más nos identifica.