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Opinión

Los padres no se jubilan

Arianna Córdoba Díaz
Arianna Córdoba Díaz
Columnista
23 de junio de 2023

En el Día del Padre, honramos a aquellos seres que guían y ofrecen amor incondicional. Un oficio eterno, donde el sacrificio define su rol trascendental.

Por Arianna Córdoba Díaz Para atribuir paternidades la humanidad ha sido generosa, por eso vemos padres de la patria, padres de todas las ciencias, padres del deporte, padres musicales, padres de esto, de lo otro, también padres solteros, padres adoptivos y por supuesto, padres de familia. Papás es lo que abundan en el mundo. Esto a propósito de celebrarse en este mes de junio el Día del Padre no solo en nuestro país, sino en otros tantos, en los que aunque sin tanta divulgación y promoción como con el Día de la Madre, también nos invita a rendir homenaje a -en su mayoría- esos seres maravillosos que la vida nos regaló no solo para que económicamente cargaran con los gastos de un hogar, sino para que nos orientaran día a día, nos enseñaran a montar bicicleta, nos consolaran cuando con nuestras necedades nos raspábamos las rodillas en la niñez o con un abrazo tierno nos demostraran todo ese infinito amor que por nosotros albergan en sus corazones. Este es un oficio que no tiene caducidad; nadie se jubila ni se pensiona como padre, es de por vida. A los padres que lo han sido, en todo el sentido de la palabra, gracias infinitas. Si bien, hay padres que se han limitado a sembrar su simiente y luego desaparecer, hay muchos, muchísimos más cuyo ejemplo ilumina el camino de familias enteras y su legado trasciende de generación en generación. Aunque -especialmente los de antaño- no hayan sido o sean papás de muchas palabras para expresar el amor por sus hijos, con sus acciones demostraban ese inmenso e incomparable sentimiento. Para un padre sus hijos siempre serán unos niños, por eso, siempre están prestos a ofrecer el mejor de los consejos; aunque sean ancianos si saben que sus retoños – ya adultos- tienen así sea un dolor de cabeza, se desvelan y preocupan. Siempre están dispuestos a dar, hasta lo que no tienen, a ir más allá de lo que sus recursos o fuerzas le permiten, para lograr que sus descendientes tengan bienestar y si hay una palabra que también defina a la perfección a un padre esa es sacrificio, numerosas veces hemos visto que a un papá no le importa tener los zapatos rotos o usar la misma ropa, desde el año de 'upa' con tal que sus niñitos no pasen penurias. Un padre, uno bueno como la gran mayoría, no deja jamás de serlo; aun cuando sus vástagos estén ya crecidos, hayan conformado sus hogares, les hayan dado nietos o sean sus hijos los que vean ahora por él. Este es un oficio que no tiene caducidad; nadie se jubila ni se pensiona como padre, es de por vida. A los padres que lo han sido, en todo el sentido de la palabra, gracias infinitas. *Jefe de programa de Comunicación Social – Unisinú