
Los muertos no avalan una tarde de corralejas

Las corralejas, arraigadas en la tradición, son más que festejos infantiles. El autor explora la catarsis y la alegría de la fiesta taurina, donde la conexión hombre-toro define la verdadera experiencia.
Por José Arturo Ealo Gaviria Nací en la calle Santander de San Marcos, población de ciénaga y rianosabanera del departamento de Sucre. Pervive la tradición de sus corralejas. De niño, iba a ellas con mi padre. ¡Son de mi agrado! Sin embargo, dichas fiestas no son esas reuniones infantiles a las que nos obligaban ir cuando éramos niños. Una tarde de toros es un evento que guarda en su semilla la catarsis y explosividad de los espectadores. He ido a varias plazas del departamento de Córdoba y de Sucre. Pero no son los muertos lo que hace buena a una tarde de corralejas. Cómo va a ser mérito perder la vida ante una concurrencia inyectada de emociones y de estupor. Hay malos ratos. Como expresa la frase popular: "El que va al baile es pa' que lo pisen y pa' que lo empujen". Aclaremos, sin toros no hay fiesta. El pensamiento evoca obsesiones milenarias y sombrías. No concibo que el triunfo de la muerte por error o mal cálculo de un individuo sea de celebridad luego de una tarde de toros al derrumbarse una o muchas esperanzas. La suerte es un lugar desgarrador donde la vida coincide con la muerte en el delirio, en la alegría y las lágrimas. Es innegable que existe una relación, una cita entre el hombre y el toro como símbolo-animal. Los gráficos de un cornúpeta nos acompañan desde el nacimiento de la humanidad y del arte, guardándose a mantazos en las corralejas. Una tarde buena de toros es esa gracia admirable reservada para el derroche y alegría de manteros, banderilleros y garrocheros. Es una plaza, por decirlo de una manera, con instancia espacial. Asisto a las corralejas para ser testigo de hazañas maravillosas. Desplegar a la suerte el capote no es un escamoteo divertido sino una entrega desenfrenada. Más allá de jugar el toro, alrededor hay un ambiente festivo con amistades, brindar con buen licor, refrescarse y estar lo más próximo a una banda: tiempo de alegría. El desenfreno producido en una corraleja posibilita la destrucción de nuestras diferencias. ¡Esa es la verdadera buena tarde de toros! Para ser parte de la fiesta es necesario vivirla. La mejor faena es la puesta en escena que nos cuestiona de forma muy íntima. La vida suele tener un sentido muy álgido. Hay cosas que nos conmueven: la muerte, la suerte, la fiesta. Hay nociones que podemos establecer entre el hombre y el animal.