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Opinión

Los males de la democracia se curan con más democracia

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
1 de junio de 2026

"Los males de la democracia se curan con más democracia", sentencia atribuida al político y filósofo francés Alexis de Tocqueville, uno de los más  estudiosos de las libertades modernas. Y la historia contemporánea confirma esa verdad con crudeza dolorosa. Allí donde desaparece la democracia, florecen el hambre, la censura, la persecución y el exilio.

Cuba lleva más de seis décadas bajo una dictadura que aplastó la pluralidad política, silenció a la prensa y convirtió la crítica en delito. Millones de cubanos han huido buscando libertad y oportunidades que el régimen les negó. Venezuela, una nación inmensamente rica, terminó devastada por el autoritarismo, la corrupción y el fanatismo ideológico. Más de ocho millones de venezolanos han abandonado su patria escapando de la miseria, la inflación, la represión y el colapso institucional. Nicaragua, bajo el dominio férreo de Daniel Ortega, encarcela opositores, expulsa religiosos, clausura medios y destruye cualquier expresión democrática. Las dictaduras siempre prometen igualdad, redención o justicia social, pero terminan edificando sistemas de miedo donde una élite vive privilegiada mientras el pueblo sobrevive entre escasez y silencio. Los dictadores necesitan controlar la prensa, intimidar jueces, perseguir empresarios y convertir a los ciudadanos en súbditos dependientes del poder. Colombia no puede caer en ese abismo. Nuestra democracia es imperfecta, golpeada por la corrupción, la violencia y la polarización, pero sigue siendo el único camino legítimo para resolver las diferencias. Quien pretenda destruir las instituciones, atacar la libertad económica, intimidar la prensa o dividir a los colombianos entre enemigos irreconciliables, le hace daño a la República. La respuesta a los problemas nacionales no es el caudillismo ni el mesianismo político. Es fortalecer la justicia, garantizar elecciones libres, respetar la oposición y defender las libertades individuales. Las naciones que abandonan la democracia terminan llorando generaciones enteras de desterrados, perseguidos y hambrientos. Colombia debe aprender de esas tragedias antes de que sea demasiado tarde. Colombia no caerá bajo el oscurantismo de ideologías necrófilas o muertas predicadas por el pseudoliderazgo marxista. Abelardo de la Espriella es la expresión de la democracia y de la salvación nacional con la patria milagro que es su proyecto reivindicatorio.