
Los estragos de las lluvias no se resuelven con censos

Los censos, los mercados y los kits de emergencia son necesarios, pero no pueden ser la única respuesta del Gobierno Nacional ante la emergencia que enfrenta Colombia por las fuertes lluvias de los últimos días.
Departamentos como Antioquia, Córdoba, Sucre y Bolívar hoy están bajo el agua. Solo en Córdoba, por ejemplo, hay más de 17.000 damnificados. Frente a esta realidad, el país no puede conformarse con respuestas temporales que alivian el momento, pero no resuelven el problema de fondo. Limitar la atención a censos, mercados y kits de emergencia es poner pañitos de agua tibia en una herida profunda. El campo colombiano necesita soluciones reales que permitan a las familias levantarse y volver a producir. Más del 70 % de los productores rurales en Colombia son pequeños campesinos, muchos de ellos sin seguros agropecuarios ni ahorros que les permitan resistir una emergencia climática. Cuando una creciente arrasa con una parcela, ahoga el ganado y los cultivos, esa familia queda sin red de protección. Por esa razón, hoy es indispensable que el Gobierno Nacional, en un trabajo articulado con el Banco Agrario, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y las entidades del sector agropecuario, defina una ruta clara de atención integral para los campesinos afectados por la emergencia. Esta ruta debe incluir alivios financieros, créditos blandos, condonación o reprogramación de deudas, recuperación productiva, asistencia técnica y acompañamiento a mediano y largo plazo. Cada vez que una familia campesina pierde su cosecha o sus animales, no solo pierde su sustento: el país pierde alimentos, empleo rural y estabilidad. Lo que estamos enfrentando es un recordatorio de que las emergencias climáticas ya no son hechos aislados. Son una constante que exige planificación, prevención y políticas públicas que protejan al campo. Si el Estado no actúa con visión estructural, cada temporada de lluvias nos encontrará repitiendo la misma escena: censos, ayudas temporales y familias que quedan solas cuando las cámaras se apagan. Este es el momento de asumir una responsabilidad mayor. Apoyar al campesino no es un gasto, es una inversión en seguridad alimentaria, desarrollo rural y estabilidad social. Colombia no puede seguir reaccionando tarde ni quedándose en el registro de las pérdidas.