Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Los espantapajaros de Lambraño

Samuel Morales Turizo
Samuel Morales Turizo
Columnista
21 de junio de 2024

Los espantapájaros, figuras ancestrales, cumplen una misión crucial: proteger cultivos. El artista Plinio Lambraño los reinterpreta, conectando tradición, cultura y crítica social.

Por: Samuel Morales Turizo Los espantapájaros, son muñecos de figura humana que, colocado en terrenos de cultivo o en los árboles, sirve para ahuyentar a los pájaros. Los espantapájaros existen desde tiempos remotos. Son figuras enigmáticas, unas veces antropomorfas (que tiene forma o apariencia humana), otras zoomorfas (que tiene forma de animal), que se elevan por encima de los cultivos. Para algunos, estos espantapájaros son invención de nuestros ancestros aborigen. Para otros, llegaron de Europa entre los utensilios españoles. Se dice que nuestros indígenas instauraban en sus cultivos, mediante un majestuoso ceremonial, a los espantapájaros, estos tenían y tienen como misión, salvaguardar la futura cosecha de la acción depredadora de aves y animales terrestres. El no cumplimiento de tal misión, acarreaba, la condena para el espantajo: agua caliente, espinas, alfileres o clavos era el infierno que padecía. Siglos más tarde, un niño criado en el campo de la hermosa Región del Caribe colombiano, inicia a usar su imaginación y creatividad para construir espantapájaros que preservarán tan noble misión. Me refiero al pintor Plinio Lambraño. Los espantapájaros son evidentemente un sistema pictórico-histórico parte del avance cultural. Lambraño se aprovecha de los recursos artesanales, toma elementos de esos recursos de manera simplificada, por medio de la cual encuentra apoyo para llevar a cabo sus realizaciones plásticas, por ejemplo: el sombrero vueltiao, la mochila, la hamaca, industria textil indígena, cerámica, orfebrería y elementos de la tecnología actual. Los espantapájaros son imágenes míticas, que se relacionan con el fetichismo y la catarsis, como reflejo del odio, del llanto y la ira que el hombre terrícola lleva por dentro, castigado por el flagelo de la injusticia. Para significar lo anterior, se nos ocurre decir, que las distintas instituciones de nuestra sociedad, deben cumplir una misión similar a la de los espantapájaros, en el sentido de guardar los cultivos de muchos corazones abonados en los que las semillas de la paz, la tolerancia y la convivencia no han podido germinar. Depredadores sociales impiden que se recoja una hermosa cosecha, en la que nuestra generación cifre sus esperanzas. Es por esto, que, desde la temática de los espantapájaros, demandamos de nuestras instituciones, el “espantar” tales depredadores.