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Opinión

Los ecos de una muerte

Miguel Mercado Vergara
Miguel Mercado Vergara
Columnista
15 de agosto de 2025

Ver a un padre y una esposa gimientes, llorando a torrentes sobre el ataúd del joven sacrificado en medio de las turbulencias que día a día agita el ambiente nacional, conmueve y estremece al más indiferente. La escena que en el Capitolio Nacional observó el país en la velación que allí se hizo del cadáver de Miguel Uribe Turbay, caído por las balas asesinas que buscan causar conmoción y suscitar el caos y la violencia, en vez de amilanarnos, debe encender en la inmensa mayoría de colombianos la estruendosa voz de alerta para evitar que vayamos al abismo.

Los ecos de la muerte de Miguel Uribe Turbay tienen que mantenerse sonando en todo el ámbito nacional por siempre como símbolo de alerta y suscitar la necesaria unión que aglomere el querer de una nación que tumultuariamente está dispuesta a rechazar a quienes creen que sembrando la zozobra, el miedo, el terror y la disolución pretenden guiar nuestro destino. Puede que los violentos sorprendan con esos golpes mortales que conmocionan, pero que no vencen ni amilanan el querer de unas mayorías dispuestas a blindar la democracia que nos rige. Es unánime el clamor nacional de que es urgente aclimatar ya el ambiente que consolide la unión entre todos los sectores que integran las fuerzas vivas de la nación para poder afrontar esta coyuntura crítica que nos afecta por igual y sin distingos de razas, credos, condición social, económica o política. Aquí nadie se salva, todos estamos llevando del bulto, luego entonces, la solidaridad es la esperanza para ponernos a salvo. Y quien llegue a ser escogido para liderar estos propósitos no es el nuevo politiquero que aparezca para lo mismo. No. La urgencia para alcanzar un futuro que nos ponga a salvo del infortunio tiene que jugársela por la conquista de: la seguridad que está perdida en casi todo el ámbito nacional, concretar las acciones para llegar a la justicia social que se pregona pero que no se cumple a cabalidad, luchar para lograr verdaderas tareas para materializar los planes de empleo, de educación en todos los niveles, de salud para los más necesitados, la paz real que comprometa a los actores con planes efectivos para que no la burlen, una reforma judicial de amplio espectro, en fin, toda una estructura que permita el revolcón institucional que revitalice nuestra democracia.