
Los Domingos de Ramos de antes

Antes del año 2000, un día como hoy comenzaba el Domingo de Ramos, al menos en los pueblos y para los adolescentes, que ya salíamos a echar un vistazo a dónde iríamos a cortar el ramo.
De pequeño, los padres te dotaban del ramo y te llevaban a toda la celebración de la mano. Pero de adolescente vivías una revelación: la Semana Santa era la semana más bacana del año. Nos dedicaban a jugar fútbol, a montear; es decir, a bañarnos en las quebradas o represas, a pescar o buscar frutas y, en general, a pasar todo el tiempo posible al aire libre. Y por supuesto, a jugar arrancón, dominó, cucurubá y cualquier otro juego. El sábado nos levantábamos temprano y nos íbamos a buscar los ramos para el día siguiente. Ahí los chachos, los jefes, eran los pelaos de monte. Aquellos que se habían criado en fincas o en veredas y que conocían todo lo que se tiene que saber para sobrevivir en el campo. Ellos eran los que se encargaban de subir a los árboles y seleccionar y cortar los ramos. Buscábamos la rama más adecuada para el momento más esperado de la misa. El día de Ramos nos vestíamos con ropa de domingo; muchas veces era una de las pintas de diciembre. Nos poníamos los calzoncillos de ir a Montería y los zapatos buenos. En la procesión íbamos atrás agitando los ramos y, una vez en la iglesia, nos poníamos en la parte trasera y, cuando el cura daba la orden de enaltecer al Señor con los ramos, nosotros formábamos una batalla de ramazos contra los otros grupos, nunca entre nosotros mismos. La primera vez me dejaron la cara marcada y roja; la segunda me puse detrás de los grandes y me fue mejor, y a la tercera ya salí a repartir y a recibir ramazos, como Dios manda. No pretendo decir que aquellos tiempos eran mejores que los actuales. Seguramente ahora nos meterían a la cárcel por daño ecológico y nos reñirían por el bullying. Creo que, aunque haya menos apegos a las celebraciones eclesiásticas, los niños siguen pensando que la Semana Santa es la semana más chévere del año. Quizás antes teníamos más fe que ahora, porque antes las celebraciones religiosas eran llamativas de alguna manera para los jóvenes. Hoy la iglesia parece desconectada de la juventud y los domingos de Ramos ya no son lo que eran.