
Los ciegos que no quieren ver

La miopía mental, social y afectiva nubla el futuro. El conformismo y la falta de compromiso amenazan a la sociedad con consecuencias desoladoras y un futuro incierto.
Por Olga Lucía Bustamante Madrid Oímos hablar de la miopía ocular que es la visión borrosa de objetos lejanos. Parece que esa misma circunstancia ocurre con el pensamiento. Cuando algo no está claro, lejano o ajeno produce una miopía mental. Socialmente observamos que para adaptarnos a nuevas circunstancias primero debemos entender motivos y procesos, pero la pereza mental y el conformismo nos invita a inventarnos salidas tangenciales. Es por eso que las sociedades asumen hábitos y costumbres no siempre coherentes. Y aceptamos resultados a medias, aunque sean nocivos. Es el caso del cigarrillo electrónico. El mercado promueve el vapeo como inicuo, pero la ciencia está advirtiendo que los pulmones se inflaman e irritan igual, produciendo asma, afecciones al corazón y la probabilidad de desarrollar cáncer pulmonar. Esto es miopía social. Los males que hoy enfrentamos, en su mayoría son buscados y ganados por uso y abuso indebido de algo. Cuando se desbordan los límites se agrede el equilibrio y luego no sabemos qué hacer. Esto es miopía cognitiva. La peor de estas afecciones es la miopía afectiva. La falta de amor propio repercute en que no sepamos amar a los demás, y como vemos borroso el camino, lo solucionamos con paliativos más dañinos que el mal inicial. Qué decir de la nueva tendencia de la juventud: no contraer compromisos, no tener hijos, vivir solos o con mascotas que no tienen exigencias. Cabe preguntarse ¿Van a ser jóvenes eternamente? Hace algunas décadas comenzó la planificación familiar en el mundo, y hoy existen varios países con crecimiento negativo. Ahora sumemosle las nuevas tendencias descritas. A la naturaleza no le pasará nada. A la raza humana sí. En 30 años habrán nacido pocos niños. Y un porcentaje de los nacidos serán no productivos, no reproductivos, por múltiples razones. La fuerza laboral en el campo y en la ciudad, ¿quiénes la asumirán? Los hoy jóvenes de 20 tendrán 50 años; los de 30… 60; los de 40… 70. Sin dolientes para enfrentar la etapa de adultos mayores, rodeados de soledad afectiva. ¿Quién acompañará en caso de enfermedad, jubilación, incapacidad o deceso? Más longevos porque habrán descubierto como no envejecer físicamente, aunque mental y espiritualmente marchitos. Sociedad miope, improductiva, sin afectos duraderos, sin Dios y sin ley. Un panorama desolador. Pocos quieren mirar la vida de frente. Serán víctimas de su propia ensoñación. Corrijamos esas miopías. Enmendar es mejor que tener que lamentar.