
Los 80 de nuestra Reina

En 1943, mientras la Segunda Guerra Mundial resonaba, nacía Nohorys Sofía. Esta es la historia de su vida, marcada por el amor, la familia y la fe en San Marcos del Caribe.
Por Ensuncho de la Bárcena Cuatro años antes había estallado un conflicto que tardaría dos más en resolverse. Las noticias de la Segunda Guerra Mundial llegaban a la casa de nuestros abuelos, como ecos de la Historia. En aquel momento, San Marcos del Caribe pertenecía al departamento de Bolívar y Papa Leo y Mama Lita llevaban 5 años de matrimonio. Ya habían tenido a tía Mayito y a tío Juvenal. La Casa Grande era con frecuencia visitada por los otros hijos de mi abuelo Leonardo, anteriores al matrimonio. Mi abuela Juanita acogió a mis tías Chave y Alsacia, para educarlas como hijas. Gracias a la radio, en la sala se escuchaban las canciones de "La Orquesta del Caribe", creada y dirigida por Lucho Bermúdez: "Marbella", "Prende la Vela", "Joselito Carnaval", "Kalamarí" y "Tambores de Chambacú". Aquel martes, 21 de septiembre de 1943, nació mi madre. La rubiecita de cabellos rizados fue educada como una princesa. Fue al colegio, aprendió a leer y escribir con una impecable caligrafía. Hizo la Primera Comunión y comenzó sus estudios en el María Auxiliadora, colegio para señoritas regentado por las Hermanas Franciscanas. Estuvo un año en el Colegio Las Mercedes de Sincelejo, pero el consentimiento de mis abuelos le impidió terminarlos. Se dedicó a La Casa. Cuando tenía 19 años, llegó a San Marcos un joven de 21 años a dirigir la Oficina de Correos y Telégrafos. Era el segundo puesto oficial más importante de entonces, después de la dirección del Hospital. Por algunos giros del destino, el joven acabó siendo amigo del tío Juve, quien sirvió de cómplice. La historia de amor de Ramiro Antonio y Nohorys Sofía tuvo que superar el prejuicio que suscitaba en los abuelos el desconocimiento de la familia del pretendiente y una cierta fama de bohemio. Las palabras hicieron lo suyo. El joven telegrafista, con pulso de poeta le escribió una carta a su futuro suegro en la que le solicitaba permiso para visitar a la princesa. Escrita con elegancia y devoción cristiana, la misiva tuvo la respuesta esperada y pudo hacerlo durante casi dos años. Y se casaron el domingo 24 de julio de 1966, cuando él estaba a punto de cumplir 25 y ella, 23. Pasaron 57 años de ese gran día y, fruto del amor, llegamos los hijos y las nietas. Hoy seguimos celebrando la vida, la salud y la alegría de nuestra Reina Madre, quien es nuestra guía, nuestra inspiración y nuestro más preciado tesoro. Gracias a Ella nos hemos mantenido unidos, a pesar de las adversidades, y seguiremos siendo una familia consagrada a Dios, a la Virgen y al Amor. Amén.