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Opinión

Lo que sigue luego de aprobado el Presupuesto de tu ciudad

Miguel Ángel Pinilla Gómez
Miguel Ángel Pinilla Gómez
Columnista
6 de diciembre de 2025

Lo que sigue luego de aprobado el Presupuesto de tu Ciudad

Hoy quiero invitarte a algo distinto; a leer esta columna con calma, sin prisa. Tengamos una conversación honesta donde, con enfoque crítico pero objetivo, podamos reflexionar sobre leyes, presupuesto y política. No importa si eres funcionario, servidor, ciudadano o simplemente alguien que quiere que su territorio sea mejor: estas palabras son para ti. En columnas anteriores hemos hablado de cómo la costumbre, la interpretación y el poder se enfrentan a la ley en la gestión del presupuesto público. Pero lo que pasa en muchos territorios no es un choque técnico menor; es la normalización de prácticas que llevan años desbordando la legalidad. Ahora, con la terminación del último período de sesiones ordinarias de Concejos y Asambleas, surge el anuncio que se repite cada año como un ritual: ¡Tenemos presupuesto aprobado! ¡Perfecto! Pero, y ahora… ¿Qué sigue después de la celebración? ¿Cómo saber si el Presupuesto cumplirá el propósito que la Ley ordena? Porque aquí empieza la etapa más decisiva y la menos revisada del ciclo presupuestal: La ejecución y el control. La escena que nadie quiere ver. Imagina que 31 amigos salen de una fiesta; todos conducen sus carros en estado de embriaguez. El anfitrión advierte que dos cuadras adelante hay un retén. Alguien responde: "Eso no es nada, relájense". Los dos primeros vehículos pasan con suerte; el tercero cae detenido, multado y sin carro. Intenta explicar que todos estaban iguales, que venían en grupo, que no era el único. No hay argumento que lo salve. Con el presupuesto público ocurre exactamente lo mismo; el desconocimiento de la ley no exime de responsabilidad, y seguir la masa tampoco. En materia presupuestal existe un comportamiento colectivo peligroso: todos ven lo obvio, todos saben lo que hay que corregir, pero prefieren seguir como si nada. Es una resistencia sistemática a entender que adaptarse a la Ley no es la excepción: es la obligación. Colombia cuenta hoy con una batería de controles más fuerte que nunca, ya que, pese a las Leyes Orgánicas ser de tiempo atrás, las herramientas tecnológicas que han permitido su efectividad son recientes y cada vez más eficaces. - Control interno (Ley 87 de 1993). - Control disciplinario (Ley 1952 de 2019). - Control fiscal (Acto Legislativo 04 de 2019). - Control penal y anticorrupción (Ley 599 de 2000 y Ley 1147 de 2011). - Mecanismos de participación ciudadana (Ley 134 de 1994). Todos activos, vigentes, listos para actuar. Entonces, ¿qué está fallando? ¿Por qué prácticas improcedentes siguen intactas en tantos municipios y departamentos cuando las reglas son claras, evidentes y sancionables? La respuesta es simple: el control se hace de manera colectiva o individual, pero su severidad dependerá de la importancia que le des al mismo. Con lo anterior no busco criticarte, sino despertarte y que entiendas que tu ausencia también cuesta. El presupuesto de tu ciudad podría resolver problemas reales que conoces de memoria: Agua potable, salud, educación, vías, cultura, seguridad, atención a grupos vulnerables, entre otros. Sin embargo, muchos recursos se pierden entre errores, improvisaciones o intereses ajenos al beneficio común. No solo por corrupción, sino también por ausencia de control. Ya no hay excusas; tecnologías, conectividad, plataformas de reporte y control existen, y funcionan en tiempo real. La información está ahí para que cualquier ciudadano pueda seguir el rastro del dinero público. Porque el presupuesto es público, y es el combustible de toda acción estatal: sin recursos no hay política pública, no hay gestión, no hay desarrollo. Finalmente, quienes gobiernan deben rodearse de equipos técnicos, idóneos, formados; no de cuotas políticas ni compromisos de campaña. Y cada vez que un ciudadano, servidor o funcionario pregunte o cuestione, no debe ser atacado, sino escuchado, resuelto y respetado. La ejecución y el control del presupuesto no son trámites administrativos secundarios; son el corazón del funcionamiento del Estado. Y ahí todos jugamos un papel. Porque el Presupuesto Público es de todos, para todos, y entre todos debemos cuidarlo, y lo que sigue después de aprobarlo no es celebración, es tu responsabilidad y derecho de revisión y control.