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Opinión

Lo que permanece

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
19 de enero de 2024

La poesía, como la música de Beethoven o la pintura de Velázquez, reside en la expresión, no en la explicación. El nuevo libro de Ensuncho De La Bárcena celebra esta idea.

Por Ensuncho De La Bárcena Poesía es lo que no necesita explicación. Para todo lo demás está la ciencia y su pretenciosa charlatanería. Alguna vez le preguntaron al gran compositor Ludwig van Beethoven qué había querido decir con una de sus sinfonías. Él miró al inquisidor, tomó un sorbo de vino, y respondió con agudeza: "si lo supiera decir con palabras, no la habría compuesto". En el mismo sentido, el gran pintor de todos los tiempos, Diego Velázquez, era poco amigo de hablar sobre su obra. Su tiempo lo dedicaba a pintar, viajar, leer, amar, vivir. En nuestro Reino del Caribe, el gran Alejandro Obregón dejó bien claro que el Arte tiene todo que ver con el silencio y con la soledad. Sabía el poeta del color que explicar acaba siendo un asunto de farsantes. No porque el artista sea pedante y no quiera comunicar. Sino porque el Arte lo que persigue es algo más profundo, bello y trascendente: expresar. Y para lograrlo usa algo común a los seres vivos: emoción. Todo recurso poético, llámese imagen, sonido, olor, textura, sabor, forma, tamaño, fondo, sueño, palabra… es solo un puente que el oficiante construye para conectar con otro cuerpo, en una ceremonia sagrada llamada Poesía. Y lo hace apelando al universo perceptivo del otro, a su cultura, nivel educativo, experiencial, sensitivo, emocional. Por eso el poeta no necesita mediadores que lo expliquen o justifiquen. Solo requiere que su obra haga contacto con otra alma, en lo posible de forma directa. La Poesía es una sola desde el origen de la vida. Es nuestra necesidad de expresar algo, más allá de la existencia, que manifieste lo bello y, al mismo tiempo, lo trascendente. Y no es solo humana. Desde el amanecer la hacen posible el trino del pájaro, la rama del árbol, la ola del mar, el murmullo del bosque, la corriente del valle, la forma de la montaña, lo efímero de la nube, la melancolía de la estrella. De allí la toma el poeta para sembrarla en el vientre de un corazón dispuesto. Me animo a decirlo porque a partir de hoy emprende su viaje mi tercer libro, La Majestad del Tiempo. Bellamente editado por Corazón de Mango para el nuevo Fondo Editorial de Sucre. Agradezco a Beatriz, Adrián, Dorky. Me honra que sea en Sincelejo, ciudad Caribe, donde haya sido el parto. Porque esta es tierra de poetas, felizmente. No solo de ganado, corrupción, corralejas y mototaxi. Me conmueve saber que pertenezco al universo poético que antes parió a tantos artistas que admiro. Enlistarlos sería farragoso. Ahora confirmo que ser poeta es más que un destino literario.