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Opinión

Lo que no se ve

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
30 de agosto de 2025

Ves la mano de una persona, sosteniendo una copa de vino y al fondo una hermosa habitación. Te convences de que esa persona está feliz, que tiene todo resuelto, que vive bien, seguramente tiene dinero y un matrimonio feliz, quizás un perro.

Por Olga Leonor Hernández Bustamante Ves la mano de una persona, sosteniendo una copa de vino y al fondo una hermosa habitación. Te convences de que esa persona está feliz, que tiene todo resuelto, que vive bien, seguramente tiene dinero y un matrimonio feliz, quizás un perro. Lo que no ves es que no es una, sino dos o tres copas de vino, sola en esa sala, casi todas las noches, sin saber bien qué siente ni como nombrarlo, sin sentirse con derecho a quejarse y sin comprender por qué se siente tan vacía. Ves dos platos de comida en la mesa de lo que parece ser un hermoso restaurante. Asumes que es una cena romántica, posiblemente la celebración de una fecha especial ¿Aniversario? ¿Graduación? Envidias en silencio esa salida una noche cualquiera de martes, seguramente no tiene que madrugar al día siguiente. Lo que no ves es que en esa mesa casi ni se habla de lo verdaderamente importante. Que se distraen mirando el teléfono y conversando de cualquier cosa que los implique muy poco, contando cosas del trabajo y la oficina, lo que sea con tal de no tener que hacerse cargo de la incomodidad de seguir juntos. Ves una foto en el espejo de un gimnasio. Una persona que entrena, con músculos definidos y postura poderosa. Asumes que se debe sentir como se ve, fuerte, capaz, invulnerable. Lo que no se ve es que se mira al espejo y nunca está del todo satisfecho, el ruido en su cabeza comparándose con los demás es incesante y solo se calma cuando el dolor del gimnasio no lo deja ni pensar, se siente un fraude y ahora que está envejeciendo está aterrado de perder la imagen de la que se sostiene su amor propio. Ves una persona delante de un auditorio. Inteligente, segura y capaz. Trabaja todo el tiempo y a toda máquina, parece incansable, siempre productiva, exitosa. Asumes que nada le queda grande y te gustaría tener esa fuerza para no tener que parar nunca, seguir y seguir moviéndote siempre hacia arriba. Lo que no ves es el desgaste que se acumula sin siquiera ser visto, no se ve la soledad de la persona que comparte una imagen de fuerza y control absoluto, nadie se acerca a entregarle, todos se acercan a pedirle y ella entrega y entrega sin sospechar que se queda sin reservas. Ves una familia que se para frente a la cámara sonriente, es un día soleado y todos se ven en calma y felices. Comparas eso con tu propia familia, algo ruidosos, con algunos comportamientos que te avergüenzan, sientes que la imperfección de los tuyos te pesa y te molesta. Lo que no ves es que el precio de esas sonrisas es el silencio y el secreto, no se habla del alcoholismo de aquel o del abuso sexual de este, no se habla de las apuestas en linea o de las cartas de cobro que llegan de los bancos, las sonrisas no son más que las máscaras del caos. La única vida perfecta es la que asume y se hace cargo de la imperfección, la vulnerabilidad, la crisis, el caos, el ruido. La que acepta que hay subidas y bajadas, que no hay problema en el conflicto, que está bien pedir ayuda. ¿Qué dicen tus fotos? ¿Qué ocultan tus fotos?