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Opinión

Lo que el cielo no perdona (III)

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
24 de julio de 2023

El texto relata la violencia partidista en Colombia, destacando atrocidades cometidas por policías y civiles conservadores. Fidel Blandón Berrío denuncia crímenes impunes, mientras la oligarquía busca el olvido mediante un golpe de estado y el Frente Nacional.

Por Félix Manzur Jattin Volviendo al tema de la violencia partidista en nuestro país, los principales actores del sangriento drama eran policías secundados por civiles conservadores… En el camino hacia Camparrusia los campesinos le habían contado al padre Blandón "los horrores de la situación en que vivían, perseguidos y sitiados por todas partes… A este le habían matado la esposa en estado de gravidez, abriéndole el vientre para sacarle la criatura que murió ante las miradas y los gritos de la pobre mujer. Aquel vio arder todo cuanto tenía, habiendo escapado al ataque nocturno sólo por milagro. Ese vio castrar a su hijo mayor, cogido en la sementera y pasado de lado a lado con el regatón, lo dejaron muerto como en un trapecio entre dos rocas. Al otro le habían matado la esposa y le habían robado una hija de 16 años, le prendieron fuego al rancho y nada se volvió a saber de la muchacha". "He aquí porque aquellos hombres se habían venido al monte ardidos de venganza y resueltos a morirse". Hasta hoy nadie se ha atrevido a desmentir las afirmaciones que estampa en su libro Fidel Blandón Berrío, respaldadas por la veracidad de los hechos. Los que el autor llama, "los gerentes de la violencia" han preferido ocultar estas revelaciones bajo gruesas capas de silencio y dejar que el tiempo transcurra y que el olvido las sepulte; pero si la impunidad se las arregla para burlarse de la justicia de la tierra, no hay forma de que haga lo mismo con la justicia de la historia. La atrocidad de los crímenes cometidos por el régimen fascista colombiano, y la reacción de las víctimas, hacían ver que la dictadura caería ahogada por los torrentes de sangre que había derramado, y la oligarquía, en una jugada ingeniosa, y en cierto modo desesperada, propició un golpe de estado por parte de las fuerzas armadas, que aparecieron como salvadoras providenciales, con la misión de restablecer la paz, restañar las heridas y volver al régimen democrático. Aquí termina esta primera etapa de la violencia colombiana durante la segunda mitad del siglo XX. Para conjurar el supuesto odio ideológico entre liberales y conservadores que la había desatado, las cabezas de la oligarquía que inventaron la fórmula del Frente Nacional, fórmula mágica que, mediante la alternación de los partidos en el poder, haría olvidar los rencores entre liberales y conservadores y permitiría el restablecimiento de la paz. Bella fórmula, sin duda, para que los crímenes cometidos por el régimen fascista quedaran en la impunidad, pues el culpable de todo era el odio entre liberales y conservadores, odio que desaparecería gracias a la alternación de los dos grandes partidos.