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Opinión

Lo que Colombia necesita

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
19 de junio de 2026

Para no incurrir en el mismo error que cometí en 2022 al votar en blanco, en las elecciones presidenciales de este domingo votaré por Abelardo De La Espriella.

Si ustedes son lectores semanales de esta columna, sabrán que mi voto en la primera vuelta fue por Paloma Valencia, a la que consideré la mejor opción el 31 de mayo. Pero, una vez conocidos los resultados de aquel día, rápidamente la senadora Valencia se sumó a la dupla De La Espriella/Restrepo y me pareció muy acertado su argumento; por lo cual también me sumé a la manada "Firme por la Patria". Desde entonces me llueven improperios, insultos, injurias, calumnias y me convertí en receptor directo del odio de clases, blanco de ataques y amenazas de los simpatizantes de Iván Cepeda y Aida Quilcué. Dicho sea de paso, ese grupo de colombianos se siente moralmente superior, como toda la izquierda planetaria. Yo no hago sino leerlos y usar el emoji de "me divierte" para contradecirles. Nada más. Pasaron ya mis épocas de peleas interminables por las redes sociales. Ahora solo las utilizo para pescar almas y expresar la mía, aunque sea objeto de burla y a nadie le interese, ni lo comparta. Cuando detecto el mínimo interés en polemizar, descalificar o insultar, elimino el comentario y sigo de largo. Por eso me mantengo liviano. Hay mucho rencor en las campañas que llegaron hasta el final. "Guerrillero", llaman a uno. "Fascista", llaman a otro. De nuevo se pone en evidencia nuestra minoría de edad en los asuntos de Estado. No hemos podido avanzar, desde los tiempos de "bolivarianos vs. santanderistas", "federalistas vs. centralistas", "liberales vs. conservadores", "izquierdistas vs. derechistas", "petristas vs. uribistas"… y ahora "Abelardistas vs. Cepedistas". Y con ello siempre estamos corriendo el riesgo de reactivar las guerras fratricidas que desde comienzos del XIX han bañado de sangre nuestros campos, montañas y ríos. Llegó la hora de que le bajemos el tono incendiario a la campaña y que el perdedor reconozca la derrota mientras el ganador se concentre en gobernar para todos, con una visión de conjunto que permita la unidad en medio de las necesarias diferencias. Los pueblos civilizados del mundo son capaces de tramitar los conflictos sin el uso de las armas, dejando de lado el asesinato como herramienta de la política. Para ello sirve esta recomendación de Jesús de Nazaret, en el Evangelio de San Mateo: "Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el Cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos".