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Opinión

Lo mejor está por venir

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
27 de diciembre de 2025

Trescientos sesenta y cinco días pueden parecer una eternidad o desvanecerse en un suspiro. Para algunos, el año corrió con prisa; para otros, se hizo pesado y lento. La diferencia no siempre está en lo que ocurre, sino en la mirada con la que atravesamos lo vivido y en las decisiones que tomamos frente a aquello que no elegimos. El tiempo, ese mismo que a veces sentimos escaso y otras infinito, nos pone en el camino experiencias que no siempre comprendemos cuando suceden, pero que poco a poco van tejiendo sentido.

Viktor Frankl, médico psiquiatra, sobreviviente del Holocausto y autor de El hombre en busca de sentido, enseñó que el ser humano no siempre puede elegir sus circunstancias, pero sí la actitud con la que decide enfrentarlas. Esa libertad interior es, quizá, la más difícil de ejercer, pero también la que más transforma. Cada año que termina nos recuerda, con sutileza o con sacudidas, que no controlamos todo, pero que siempre tenemos un margen para elegir cómo respondemos. El cierre de un año no es solo una fecha en el calendario. Es una pausa. Una oportunidad para hacer silencios, revisar lo que pesa, agradecer lo que permanece y despedir lo que ya no tiene que seguir. Es el momento en que miramos hacia atrás y descubrimos que hubo logros que celebramos poco, batallas que no anunciamos y dolores que nos enseñaron más de lo que confesamos. También nos encontramos con aquello que nos quedó pendiente: conversaciones que evitamos, con decisiones aplazadas, círculos viciosos de los salir, sueños que posponemos una y otra vez “para después”. Se repite con frecuencia la frase “lo mejor está por venir”. Y sí, es verdad: siempre hay algo mejor por venir, pero no basta con decirlo. La vida no se transforma con declaraciones ilusas, sino con pasos concretos. Lo mejor no llega por magia; se construye con disciplina, coherencia y valentía para soltar lo que nos estanca. De nada sirve el optimismo cuando seguimos repitiendo los mismos patrones y esperando resultados distintos. Lo mejor está por venir cuando dejamos de justificarnos y empezamos a hacernos responsables de nuestras decisiones. Cuando entendemos que el crecimiento no siempre es cómodo, ni brillante, ni inmediato. Muchas veces duele, incomoda y nos confronta. Lo mejor está por venir cuando elegimos sanar heridas que hemos normalizado, cuando aprendemos a ponernos límites, cuando dejamos de permanecer en lugares donde ya no está nuestra paz. También está por venir cuando decidimos mirarnos con misericordia y reconocemos nuestro proceso. Siempre habrá días luminosos y días nublados; derrotas silenciosas y victorias que solo nosotros comprenderemos. Lo importante es no renunciar a la posibilidad de volver a intentar. Que este nuevo comienzo nos encuentre más conscientes, más libres y más fieles a lo que somos. Que lo mejor no sea solo una expectativa, sino una construcción diaria. Porque sí: lo mejor está por venir… pero empieza hoy.