
Lo humanamente imparable que somos

El cuerpo humano, una máquina perfecta de lucha y supervivencia, es un libro abierto lleno de secretos. Un vehículo que revela la vida, la cultura y la individualidad.
Por José Arturo Ealo Gaviria Cuando esa energía o espíritu se cierne a la máquina del cuerpo humano, debe de haber un gran impacto. Imagínate eso. Qué maravilla. No logramos recordar tal emoción. Estamos prendidos a la vida. Basta vivirla una vez. Nada más. Somos el lienzo de toda una historia. Cada manojo de fibras musculares y nervaduras en nuestro cuerpo narra una historia de lucha y supervivencia. Esa manera como llevamos la armadura y máquina de nuestro cuerpo, revela el valor de nuestra vida. Por supuesto, hay que vigorizar siempre al cerebro en todo momento y en todo lugar. Llevamos la piel de nuestra cultura, fe y creencias. Ni siquiera te imaginas la infinidad de proezas que somos capaces de realizar. Todo este armazón de órganos, huesos, piel y nervios que nos lleva es una formidable y privilegiada herramienta de resistencia y de revolución. Poro a poro, un lunar, cada huella y cada señal aduce eventos de madurez. Somos el medio a través del cual palpamos el mundo y nos conectamos con la realidad. Eso nos lleva a un diálogo con las sensaciones. Brío. Coraje. Apetito. Sed. Gozo. Vitalidad. Son algunos de los muchos estímulos que forman parte de nuestro azar. Todo el engranaje del mapa de nuestras entrañas está vinculado al inexorable pasado y mañana nuestro. Somos excepcionales. Eso que por dentro inicialmente llevamos como una idea, en un futuro colmará nuestras necesidades. Aunque no ostentemos las capacidades de algunos animales, somos obra privilegiada de la naturaleza: la unión perfecta de forma y funcionamiento. Cada parte de nuestro cuerpo cumple una función en armonía con las demás. Allí se funda la expresión más pura de la identidad e individualidad. Eso nos enseña a estar sanos. Nuestro cuerpo es una obra sin igual en asidua evolución: prueba de nuestra capacidad para adaptarnos y sobrevivir. Todos los días, algo así, somos versos en letanía. Poseemos un tipo de savia hacia la renovación. Alma. Luz. El cuerpo humano es un vehículo a través del cual la vida se revela a sí misma. Deja a que el individuo entre en contacto con el mundo, a unirse con él mismo e incluso a regodearse en sociedad a través de un proceso de identificación y representación. El cuerpo es la forma del alma. Es un libro abierto, lleno de secretos y misterios por descubrir. La clave para vivir estriba en darle agite al cuerpo y sosiego al alma.