
Lo grande de las pequeñas cosas

La felicidad se encuentra en las pequeñas cosas, no en metas inalcanzables. El crecimiento gradual y la atención a los detalles son clave, pero la sociedad actual lo olvida, generando frustración y vacío.
Por Olga Lucía Bustamante La humanidad busca la felicidad en las grandes cosas y obras, a veces inalcanzables, sin experimentar el crecimiento gradual, concienzudo y programado. No hemos entendido que, a través de las cosas pequeñas, se hace el camino hacia la inmensidad. En lo práctico del día a día lo vemos, el paso a paso es la sumatoria que va aportando. En una construcción, primero se limpia el terreno, otros realizan el trazado, mientras más allá se abren las zanjas sobre lo trazado, respetando una secuencia. Si esas acciones intermedias se obvian, se truncan los resultados. Hasta la naturaleza hay que aprender a observarla, a través de lo sencillo. Un camino de hormigas lleva implícito muchos mensajes; su organización como sociedad, la convivencia, son acciones protectoras de su especie. Tener capacidad adquisitiva es indispensable para la supervivencia 'tranquila' de las familias y las sociedades, pero la exuberancia mal habida, roba la calma. Se pierde de vista lo grande de las pequeñas cosas, y, ya nada es suficiente. Hoy, para algunos, existe la modalidad del menor esfuerzo, con mucha exigencia se le reclama a 'otros', mientras se espera sentado. Enseñamos a conocer la felicidad de papel, ficticia. Por eso vemos tanta frustración, que termina en depresión. Todo en exceso es malo, aunque sea algo bueno, en cualquier tema. El verdadero amor se hace de detalles. El papá y la mamá, deben estar presentes, compartiendo, ayudando, participando, dando ejemplo de respeto y consideración. El hijo como receptor, aprendiendo. Toda la naturaleza está formada por la misma sabiduría. Estos esquemas y formas no nacieron de la nada. La humanidad ha experimentado el ensayo error, y ha sufrido muchos desmanes e infortunios, tratando de organizar un esquema social coherente, que produzca buenos resultados. Los miles de años de su existencia, no han sido suficientes para lograrlo. Cada época está caracterizada por aportes, generalmente insuficientes. Este último período, podría llamarse de ensueño. 'Querer todo, a partir de poco o nada'. Ahora llegó la realidad virtual. Niños y jóvenes 'observando la vida' a través de unas gafas, de una pantalla, sentados, despilfarrando el tiempo de vida que se les dio. ¿Dónde queda el ser, el hacer, el servir? El tiempo no se detiene y el aprendizaje efectivo, emotivo y activo, se está rezagando, produciendo cerebros y espíritus vacíos. ¡Pobre humanidad! si no se detiene ahora, y retoma el camino de lo pequeño y simple, que abre las puertas para que prosperen las grandes realidades. Presagió Séneca "El lenguaje de la verdad debe ser, sin duda alguna, simple y sin artificios."