
Lo de “la calle” fue para peor.

El presidente Petro, ante la falta de apoyo en el Congreso, amenazó con movilizaciones. Su estrategia fracasó: las reformas se estancaron y creció la oposición en las calles.
Por Ismael Guerra de la Ossa Consciente de que no contaba con las mayorías en el Congreso para que le aprobaran ciegamente sus reformas, el presidente Petro comenzó a amenazar a los integrantes del Legislativo, no afectos a su gobierno, con “la calle”, es decir, con ríos humanos que, según él, se tomarían furiosamente las vías, las plazas públicas, los parques y cuanto espacio descubierto hubiese en pueblos y ciudades, para exigirle al Congreso de la República que debía aprobar sí o sí, sin chistar y sumisamente, todo lo que el Gobierno sometiera a su consideración. Y, precisamente, confiado en los efectos de “la calle” y su capacidad de amedrentamiento, decidió en forma prepotente y autoritaria, acabar con la coalición de gobierno que le aprobó su reforma tributaria y su Plan Nacional de Desarrollo, para darle paso a un gobierno más ideologizado, de izquierda hegemónico, donde sus ministros fuesen unos convidados de piedra a la hora de tomar decisiones pues el que no muestre sumisión absoluta a los dictados del presidente Petro en cualquier determinación, hecho o circunstancia, “se va”. Bajo esa premisa y bajo el mote de gobierno de emergencia, el mandatario Petro le dio otro rumbo, más radical, a su mandato. Mandó al carajo a las directivas de los partidos que no quisieron seguir siendo de gobierno y que se declararon independientes y le ordenó a su ministro del Interior, Luis Fernando Velasco, que negociara con los congresistas de esos partidos el voto para sus reformas, pero individualmente, uno a uno, desconociendo a los partidos como instituciones y tratándolos como montoneras informes. Sin embargo, se le olvidó a Petro la Ley de Bancadas que le ordena a los senadores y representantes, acatar lo que en bancada se decida por mayoría so pena de hacerse acreedores a las condignas sanciones si no cumplen. Y ahí están los resultados. La reforma laboral se hundió, el proyecto de la cannabis también y las reformas a la salud y pensional están in articulo mortis. ¿Y de qué le ha servido “la calle” a Petro? De nada. Fue para peor. Resulta que eso surtió el efecto contrario: miles de opositores al Gobierno se han volcado a las calles para protestar no solo contra el presidente Petro sino contra todas las reformas que le ha propuesto al país por considerarlas sumamente lesivas para los intereses nacionales.