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Opinión

Llegó la hora

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
24 de mayo de 2026

Aficionados a las vascuencias e influidos por la manipulación de avezados asesores, nuestros paisanos se distraen en la discusión de la personalidad de los candidatos a la presidencia o de los rasgos de su carácter, y así toman la decisión de votar. Nefelibatas, les diría el poeta León de Greiff, porque a las puertas del infierno nadie debe caer en la banalidad de las simpatías, o de las antipatías, para decidir el futuro del país.

Para cualquier ciudadano con un criterio medianamente lúcido, la continuidad del actual proyecto político merecería un contundente rechazo. Bastaría mirar el avance de la inseguridad y el secuestro, la prepotencia desatada del narcoterrorismo, los innumerables hechos de corrupción que han tocado a los más prominentes alfiles del gobierno, y el estilo conflictivo impuesto, instigado a punta de trinos, para llegar a la conclusión de que la nación no merece continuar por ese sendero de abismos y asechanzas. Aquí el problema no es la personalidad de los candidatos, es el futuro del sistema político que regirá el país por muchos años. El oficialismo ofrece profundizar la demagogia, el populismo y la paz total, que solo ha servido para envalentonar a los criminales. La oposición plantea el respeto por las instituciones y la recuperación de la seguridad con base en el ejercicio de la autoridad y el orden. Ahora bien, si se trata del modelo económico, nadie podría negar que el comunismo, que es lo que promete la dictadura constitucional oculta en la constituyente en curso, no ha servido para nada en ninguna parte del mundo, y que solo ha llevado al totalitarismo, que es el yugo de la ciudadanía inerme, y al oprobio de la tiranía, que conduce indefectiblemente a la indignidad del ser humano. ¡Qué difícil es asumir la realidad! De nada han servido las fracasadas experiencias latinoamericanas con el decimonónico esperpento del marxismo, una teoría que despertó cierto interés en su momento, porque apenas comenzaba la era industrial, pero que en la última centuria, ejercida por líderes dislocados, solo ha causado miseria y atraso. No nos queda entonces, estimados lectores, sino el imperfecto horizonte de la democracia, la inversión en ciencia y tecnología, el esfuerzo mancomunado de empresarios y Estado en pro de la salud y los hidrocarburos, y una educación para la libertad, no para el adoctrinamiento, que solo sirve para atrofiar el alma de los jóvenes y llenarla de acomplejados resentimientos. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.