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Opinión

Llegó el cachaquerío

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
18 de diciembre de 2025

Por estos días en la mayoría de los pueblos de la sabana cordobesa y sucreña se siente un siseo en las conversaciones, acompañado por términos como; qui’hubo pues, no jodás, Ave María, parce, y otras expresiones características de las ciudades que no pertenecen a la Costa Caribe y que nosotros; de manera arbitraria y equivocada englobamos bajo el término de “cachacos”.

Según la doctrina corroncha: “de la Apartada pa’llá todos son cachacos”. Ellos en verdad no lo son, pero a nosotros que nos encanta el perrateo les decimos así para fastidiarlos un poco. En verdad son gente que, aunque se hayan dejado contagiar del acento paisa o rolo, son más auténticos que muchos de nosotros. Pues pudiendo escoger pasar las navidades en ciudades tan modernas como Bogotá o en ciudades en las que las celebraciones navideñas son espectaculares, como Medellín, prefieren venir a pasar estás festividades en sus pueblos, donde la navidad se vive de manera más austera, sin tanta luminaria, sin espectáculos, aunque, eso sí, con el encanto y el calor humano que solo tienen los pueblos sabaneros. En mi pueblo les decimos “el cachaquerío”, porque suena a mamadera de gallo, a recocha y porque pensamos que llamarlos “chiviados” resulta ofensivo. Bromas aparte, lo cierto es que esos miles de coterráneos son un gran impulso para la pujanza de nuestros pueblos. Su esfuerzo se ve reflejado directamente en la economía y desarrollo de sus terruños. Pues muchos de ellos envían mensualmente cantidades importantes de dinero que ayudan a sostener a muchas familias, especialmente a sus padres y abuelos, que son personas mayores que no tienen una pensión para afrontar los años de la vejez. Vivir fuera de nuestra tierra siempre es difícil. Las costumbres sociales tan diferentes, el choque gastronómico que nos hace añorar nuestras delicias culinarias, el ritmo frenético con el que se mueven las ciudades y una vida en la que los días se escapan entre fatigantes jornadas laborales, hacen difícil la adaptación a esa dinámica social que nada tiene que ver con el transcurrir apacible de nuestros pueblos. Por eso cada año, como peregrinos, vuelven a casa, vuelven a sus hogares a recomponerse con la compañía de los suyos. Llegó el cachaquerío, ya están inundando las calles con su hablado media-arepa, eso quiere decir que: ¡Ya es Navidad! Que viva el cachaquerío y que sigan alegrando a nuestros pueblos con sus visitas.