
Llega diciembre

Diciembre, el mes más alegre, invita a la esperanza y a crear recuerdos felices, especialmente para los niños. A pesar de las dificultades, la unión familiar es clave.
Por José Armando Benítez Tuirán Mañana comienza el mes más alegre del año y deberíamos procurar que sea un diciembre fantástico, sobre todo para los más pequeños. Porque no hay nada mejor que cerrar un año, todo y que haya sido un año malo, rodeado de los tuyos, en unión familiar y convencidos de que el año próximo todo será mejor. Sé que muchos tienen razones para abrazar la tristeza y no quisiera que mis palabras fueran frívolas e irrespetuosas hacia ese sufrimiento, por el contrario, quisiera que todos recibieran este escrito como una proyección optimista de lo que puede venir. La palabra tiene poder, dice la sabiduría popular. Hay que proyectar, soñar y visualizar lo que queremos conseguir, y para eso, no hay mejor mes que este que va a comenzar, el mes de la Navidad, el mes en el que llega el Niño Dios y se quema el Año Viejo. Diciembre siempre es especial, la gente es más feliz. Y lo es, porque es una maquinaria de bellos recuerdos que se retroalimenta. De pequeños se viven las navidades y los fines de año de una manera vibrante, divertida, especial, y pasados los años, se recuerdan ya no de esa particular manera, sino de una forma épica, idealizada y magnificada. Por esa razón, diciembre además de ser un tiempo, es un lugar en la memoria al que siempre podemos acudir y ser felices. De aquí que la pasión navideña deba continuar, aunque hayamos tenido un año para olvidar. Pues nuestros hijos necesitan construir, con nuestra ayuda, momentos hermosos que después se transformarán en buenos recuerdos. La nostalgia y la añoranza se cuelan sin ser invitadas a estas celebraciones decembrinas y logran robarnos unas lágrimas, algún suspiro y a veces un lamento. Porque al parecer las clases magistrales que da la vida solo las logramos entender cuando ha pasado un tiempo, el tiempo necesario para echar la vista atrás y comprobar que es únicamente hoy cuando tenemos el poder de incidir en lo que será nuestra existencia. De aquí que la pasión navideña deba continuar, aunque hayamos tenido un año para olvidar. Tal vez haya que vivir diciembre con más entusiasmo que los otros once meses, no lo sé. De lo que sí estoy convencido con total certeza es de que para tener una feliz Navidad no hacen falta regalos, ni mudas de ropas, ni mesas abarrotadas con comida, tan solo nos hace falta tener vivos a todos aquellos que forman nuestra familia. Pues llega diciembre y dolorosamente muchos ya no están.