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Opinión

Literatura a la bandeja

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
25 de agosto de 2025

Ese aroma a canela y nuez moscada flotando en el aire, es una sinfonía de gratas sensaciones al evocar esas vespertinas de invierno, en la que una vez fue casa de mis abuelos. Cada ingrediente, cuidadosamente medido y mezclado, era una página en un libro de recetas ancestral. La tradición y el amor se cocinaban a fuego lento. El suave chisporroteo del amasijo en el sartén era un preludio de historias a punto de saborear, renglón escrito con harina, azúcar y recuerdos, para compartir en cada bocado. Y los alimentos en la literatura comparten una relación simbiótica, sirven como alegoría poderosa, simbolizando temas como el amor, la muerte, la riqueza, la pobreza, la sociedad y la identidad. Puede reflejar el estado emocional de un personaje, sus relaciones, o incluso el contexto social y político de la historia. En "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez, el banquete ofrecido por la familia Buendía en Macondo, con su abundancia y excesos, va con la eventual agonía y destrucción del poblado. En este caso, la comida simboliza prosperidad efímera e inevitabilidad de su postrimería, reflejando el ciclo de vida y muerte que atraviesa la familia y también Macondo. En "La casa de los espíritus" de Isabel Allende, el hambre que sufren los personajes en la obra, especialmente durante la guerra, no sólo simboliza la falta de alimento físico, sino la desesperación y la pérdida de dignidad. La falta de comida, se convierte en un símbolo de opresión e injusticia social.

En "Romeo y Julieta" de William Shakespeare, la referencia a la dulzura de la comida, como la miel o el azúcar, a menudo se utiliza para simbolizar la melosidad del amor que hay en la pareja protagonista. Sin embargo, esta bondad se ve contrastada con la amargura de la tragedia, mostrando la dualidad del amor y la muerte en la obra. En "El Lazarillo de Tormes" (anónimo), el pan no sólo es alimento, sino un referente de supervivencia y de la relación entre el protagonista y su amo. El hambre constante y la lucha por alimentarse, reflejan la dura realidad de la vida en la España del siglo XVI, así como la astucia y la capacidad de adaptación de Lazarillo. La comida en la literatura, es más que simples ingredientes o bandejas. Es un recurso poderoso del que se sirven los escritores para aliñar sus historias, crear imágenes vívidas y explorar tanto fines reflexivos como universales.