
Limpieza y heridas

En terapia, la clave no es sanar, sino limpiar las heridas emocionales. Un proceso que, aunque largo, permite el crecimiento de nuevo tejido y una sanación profunda y duradera.
Por Olga Leonor Hernández B Fue uno de esos momentos de serendipia que ocurren en terapia. Palabras y expresiones que son hallazgos y comprensiones valiosas para el proceso. Son cosas que surgen en la conversación, pero que generan una resonancia en paciente y terapeuta. Él suele tener una mirada de cansancio y agotamiento frente a su historia. Siente que le ha dedicado buena parte de su vida y su tiempo a sanar y se frustra por descubrir que el proceso sigue, que hay cosas que faltan, que somos inacabados y que en distintos momentos surgirán, de formas inesperadas, miedos, rabias, tristezas y resistencias que creíamos superadas. Con ese cansancio acompañándolo, hablamos sobre las heridas emocionales y dijo junto a un largo suspiro "Es que uno se la puede pasar años y años haciendo de todo para sanar una herida" a lo que le respondí "Pero no olvides que para que una herida sane toca limpiarla. Sin limpieza no hay curación". Un Sí largo y pensativo fue su respuesta. En ese momento mi paciente, y yo levantamos la mirada y sonreímos procesando la idea. Era algo simple, pero no por eso menos importante para su proceso. Hice el ejercicio de buscar en Google y la explicación reza así "Limpiar las heridas es una parte importante del proceso de curación debido a que es el proceso donde se eliminan los desechos sueltos. Lo que proporciona la protección de un entorno óptimo para la curación y visualización de la herida. Esto a su vez ayudará a controlar su evolución y promueve la proliferación, donde aparece ya tejido sano que rellena y reconstruye la herida". Él necesitaba esa claridad. Necesitaba saber que su trabajo no era sanar la herida a la fuerza y hacer que cicatrizara. Su trabajo era limpiar las veces que fuera necesario para que allí donde había una herida, pudiera crecer un nuevo tejido. No era amar a la fuerza a alguien, sino limpiar lo que no permite que ese amor crezca de forma sana y tranquila. No es dejar de llorar y estar triste, sino limpiar la experiencia para que cuando vuelva a ella pueda reconocerse ahora transformado. No es controlar las emociones, sino observar lo que me impide aceptar aquello que siento y expresarlo de una forma constructiva. La tarea en la terapia no es sanar; es limpiar. Y con esa limpieza viene la sanación.