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Opinión

Limpieza y heridas

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
17 de febrero de 2024

En terapia, la clave no es sanar, sino limpiar las heridas emocionales. Un proceso que, aunque largo, permite el crecimiento de nuevo tejido y una sanación profunda y duradera.

Por Olga Leonor Hernández B Fue uno de esos momentos de serendipia que ocurren en terapia. Palabras y expresiones que son hallazgos y comprensiones valiosas para el proceso. Son cosas que surgen en la conversación, pero que generan una resonancia en paciente y terapeuta. Él suele tener una mirada de cansancio y agotamiento frente a su historia. Siente que le ha dedicado buena parte de su vida y su tiempo a sanar y se frustra por descubrir que el proceso sigue, que hay cosas que faltan, que somos inacabados y que en distintos momentos surgirán, de formas inesperadas, miedos, rabias, tristezas y resistencias que creíamos superadas. Con ese cansancio acompañándolo, hablamos sobre las heridas emocionales y dijo junto a un largo suspiro "Es que uno se la puede pasar años y años haciendo de todo para sanar una herida" a lo que le respondí "Pero no olvides que para que una herida sane toca limpiarla. Sin limpieza no hay curación". Un Sí largo y pensativo fue su respuesta. En ese momento mi paciente, y yo levantamos la mirada y sonreímos procesando la idea. Era algo simple, pero no por eso menos importante para su proceso. Hice el ejercicio de buscar en Google y la explicación reza así "Limpiar las heridas es una parte importante del proceso de curación debido a que es el proceso donde se eliminan los desechos sueltos. Lo que proporciona la protección de un entorno óptimo para la curación y visualización de la herida. Esto a su vez ayudará a controlar su evolución y promueve la proliferación, donde aparece ya tejido sano que rellena y reconstruye la herida". Él necesitaba esa claridad. Necesitaba saber que su trabajo no era sanar la herida a la fuerza y hacer que cicatrizara. Su trabajo era limpiar las veces que fuera necesario para que allí donde había una herida, pudiera crecer un nuevo tejido. No era amar a la fuerza a alguien, sino limpiar lo que no permite que ese amor crezca de forma sana y tranquila. No es dejar de llorar y estar triste, sino limpiar la experiencia para que cuando vuelva a ella pueda reconocerse ahora transformado. No es controlar las emociones, sino observar lo que me impide aceptar aquello que siento y expresarlo de una forma constructiva. La tarea en la terapia no es sanar; es limpiar. Y con esa limpieza viene la sanación.