
Libertad de precios

El control de precios, especialmente en alimentos y combustibles, distorsiona el mercado. La libre oferta y demanda garantiza abastecimiento y precios justos, según expertos.
Por Fernando Negrete M. En la economía de mercado se sabe que los precios son determinados por la oferta y demanda de bienes y servicios y que la estabilidad a esta ecuación es la no intervención de aquellos porque, en vez de corregir las distorsiones del mercado, terminan agravándolas y sobre todo en sectores y productos que cuando varían, tienen un alto impacto en la canasta familiar como los alimentos y los combustibles. En el caso de los alimentos se estima que el 62% de los colombianos consumen productos de origen agropecuario con poco nivel de transformación industrial y con libertad de precios, pese a propuestas de su control en épocas inflacionarias como las presentes, pero que la prudencia y sabiduría de productores y consumidores han frenado porque el resultado más seguro, es el desabastecimiento y la espiral alcista. Otro buen ejemplo de mercados abastecidos y sujetos a la oferta y demanda son el vestuario, electrodomésticos, materiales de construcción, papelería, chécheres del hogar, que "nadie" protesta o reclama porque estén caros, ni compara con los externos. Sencillamente se dan las gracias y se busca otro proveedor, tendero, que satisfaga los gustos, preferencias y el bolsillo del consumidor. En los casos anteriores la oferta proviene del sector productivo, de personas organizadas en las diferentes modalidades de empresas regidas por el principio de la utilidad o ganancia regulada por la competencia, en donde no hay beneficios extraordinarios de forma permanente y que cumplen una labor social como la generación de ingresos para sus empleados, bienes y servicios para la sociedad y el pago de impuestos para el funcionamiento de los gobiernos y su política redistributiva de ingresos. En cambio, otra cosa ocurre con los bienes públicos que nadie los "abona" sino que todos sacan hasta dejarlos en la ruina y el control de precios que ha regido a los combustibles en Colombia. Resulta que décadas atrás se diferenciaba entre bienes transables y no transables, asunto que se ha diluido porque con la integración de los mercados, los precios internos tienden a desaparecer y su lugar ocuparlo los cotizados en bolsa. Esto lleva a la autoridad económica a nivelar los precios internos con los externos y poner el galón de gasolina en Colombia al precio de Nueva York, pasando por alto que el costo de producir este galón es diferente en uno y otro país, por fuera del diferencial de ingresos entre las naciones. Recomendable en consecuencia, que se liberen los precios de los combustibles y así se garantiza que haya abastecimiento y que el precio fluctúe como el de las otras mercancías, asunto que por ahora es de no creer.