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Opinión

Libertad

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
27 de enero de 2024

La libertad de elegir y decidir es a menudo una carga, pero su ausencia revela su importancia. La pérdida de control y la sumisión a otros generan angustia, recordándonos su valor fundamental.

Por Olga Leonor Hernández B. Uno se queja de tener que estar todo el tiempo eligiendo y decidiendo. "Estamos condenados a la libertad" decía Jean Paul Sartre. Decimos que es una tarea agotadora esta de tener en nuestras manos la responsabilidad completa, desde la más mínima hasta las más grandes. Nos quejamos de tener que lidiar con el sinsentido al no saber de antemano las consecuencias de nuestras decisiones y tener que lanzar los dados sin saber qué números nos van a salir. Sin embargo, como todo, la ausencia de algo es lo que nos hace notar su presencia e importancia. Un dolor en un oído, por ejemplo, nos hace evidente y nos trae a la conciencia esa parte del cuerpo que por lo general nunca notamos. Mi mamá dice "Si estoy sintiendo una parte del cuerpo que normalmente nunca observo, entonces algo pasa". Es así como mucho de nuestro sufrimiento deviene cuando perdemos la libertad. Cuando estamos sometidos, sin ningún o muy escaso rango de movimiento a la voluntad de otros o a una circunstancia que escapa al alcance de nuestras decisiones y nos deja sujetos al ir y venir fluctuante de la situación, o a una larga espera que nos encierra en la incertidumbre y la impotencia. Pienso por ejemplo en la violencia. En la espera por años de los desaparecidos esperando que la voluntad de otros les traiga respuestas. En esas familias donde la autoridad de alguno se ejerce con tal fuerza y poder que los demás quedan anulados y sometidos a la voluntad de otro, silenciando sus posturas para evitar el rechazo. En la llegada de una enfermedad, que, como la gran mayoría, aparecen de forma inesperada y transforman y trastocan el modo habitual en que se había vivido, obligando a asumir los cambios sin mayor preparación. Y sí, sé que la logoterapia dice que no podemos cambiar muchas circunstancias y que por lo tanto nuestra más profunda libertad se expresa entonces en la actitud con la que asumimos una situación. Eso es cierto y creo en ello profundamente. Sin embargo, nadie evita la angustia propia de sentir que las circunstancias lo amarran, que las situaciones se salen de control, que el ritmo de los otros no se ajusta a los propios ritmos. Al final, las cosas se nivelan y volveremos, bajo nuevas condiciones, a hacer uso de nuestra libertad, a elegir y decidir, a afrontar y observar las repercusiones. Al final de cuentas esa es la única condición humana: Ir siendo y ver que va sucediendo con aquello que hacemos, es la única y verdadera libertad.