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Opinión

Lecturas exquisitas

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
3 de agosto de 2025

En una alegoría del amor de Dante por Beatrice, J. M. Coetzee, el premio Nobel sudafricano, escribió una historia de la pasión de un pianista setentón, El Polaco, refinado intérprete de la música de Federico Chopin, por una cuarentona de origen barcelonés que conoció en un concierto, cuyas dudas y contradicciones íntimas, aún al confesarle parcialmente sus secretos a su marido, elevan la nouvelle a un rango superior del análisis, apenas insinuado, del alma femenina. Quienquiera mirar el mundo misterioso de los afectos de la mujer, sin prejuicios feministas ni de género, bien puede asomarse a esta joya literaria.

Tan vieja como su prestigio, la Tokio Blues de Haruki Murakami nos retrotrae a los años universitarios con sus amistades sinceras y sus amores imprevisibles. ¿Cómo es posible que el mejor amigo de juventud de Toru se suicide y su novia, que después sería suya una vez, ingrese a un nosocomio y termine igualmente suicidándose debido a una depresión sin fronteras? ¿Alguien podría imaginar que la compañera de Naoko en el sanatorio, una mujer mayor, acabaría con el tiempo en los brazos de Toru Watanabe, el protagonista, mientras éste se solazaba con dudas, a veces irreprimibles, con una compañera de clases con la que nunca tuvo una relación estable? Y saber que el narrador comenzó a escribir esta historia de amores y dolores, masturbaciones y esperanzas fallidas, después de haber oído, en un aeropuerto del centro de Europa, una canción de los Beatles… Un verdadero hallazgo ha sido el escritor rumano Mircea Cartarescu. ¡Qué prosa más bella! La historia de El Ruletista, un pobre diablo que adquirió fama por su increíble suerte para burlar la muerte en el juego de la ruleta rusa y que se convirtió en un ícono para los aficionados, quienes lo veían caer aparatosamente después del disparo fallido, como si de verdad hubiera muerto, es inolvidable. Lo macabro, en la escritura de Cartarescu, se convierte, por culpa de sus palabras hermosamente hilvanadas, en un acto de resurrección recurrente en el que la emoción estética, anudada al drama, nos recuerda que el azar también hace parte de la vida y de nuestro destino. A su lado, El ojo castaño de nuestro amor, una serie de viñetas sobre su vida en Bucarest y en el Danubio, añorando las libertades democráticas y menospreciando el comunismo, elogiando el café soluble, nos reconcilian con el arte en estado puro. ¡Ánimo, pues! *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.